El 5 de agosto de 2010 me fracturé la tibia y el peroné de mi pierna izquierda. El percance fue un jueves. El ortopeda Ramón Yunén pospuso la cirugía para el lunes a la espera de que se redujera la hinchazón, pero con todo y el terrible dolor pude el sábado escribir mi columna del domingo, lo que provocó dudas de mi director sobre la real magnitud del accidente.
Este lunes fui ingresado en el Centro de Medicina Avanzada Abel González, donde permanecí dos días en Cuidados Intensivos a causa de fuertes dolores en el pecho que la cardióloga sospechó como un accidente coronario.
Igual que cuando me rompí la pierna, hoy publico mi columna que he escrito casi en forma ininterrumpida por más de 20 anos, pero esta vez aseguro que mi director no tendrá duda de que no se trata de rehuir al trabajo, porque llueva, truene o ventee mis asignaciones son cumplidas cabalmente de lunes a domingo, con excepción del sábado.
Aun enfermo, escribo la historia de un supuesto demócrata como dice ser el doctor Emmanuel Esquea Guerrero, quien denunció ante la Junta Central Electoral y la Organización de Estados Americanos que yo, periodista en ejercicio por más de 30 años, incurrí en crimen flagrante de hablar por televisión el día de las votaciones. Otra cosa sería si ese renombrado jurista, que a las 8 de la noche sabía que había perdido las elecciones, hubiese presentado alguna prueba con expresiones mías instando a votar por tal o cual partido. Fue por ese acto de abuso e injusticia que definí a Esquea como pichón de dictador.
Hoy, en víspera de viajar a Miami por razones de salud, creo perjudicial para la democracia que en cualquier mesa dialogante dos dirigentes del PRD se disputen la silla correspondiente a ese partido. Ya Hipólito Mejía se autoproclamó líder de la oposición, pero legalmente, Miguel Vargas Maldonado representa a esa organización ante cualquier acto o dirigencia.
También quiero reiterar felicitaciones al licenciado medina por su merecido triunfo en las elecciones del domingo. Estoy seguro que Danilo hará un buen gobierno y ojalá que aproveche la oportunidad de convertirse en el segundo estadista de América Latina que logra rescatar de la pobreza a una porción significativa de la población. El primero ha sido Inacio Lula da Silva, quien elevó a clase media y pobreza moderada a 40 millones de brasileños indigentes.
Al concluir quisiera decir que es mi deseo que la ciencia avance lo suficiente como para que, el día que me muera, que no será por todos estos años, pueda yo escribir esta columna cada domingo desde el más allá.

