Hace apenas unos días un teniente de la Policía adscrito al Departamento Nacional de Investigaciones (DNI) fue abatido por delincuentes en el sector La Fuente, del ensanche Margara, en las proximidades del puente Juan Pablo Duarte, para despojarlo de su arma. Antonio Pichardo Mejía, de 46 años, se desplazaba en una moto cuando fue interceptado y abatido de un tiro en la cabeza.
El domingo en la madrugada, en el ensanche Luperón, el teniente de la Policía, Jesús Mendoza Marte, de 37 años, también fue muerto por desconocidos. Ambos crímenes disparan la alarma sobre la inseguridad y la ola criminal que se propaga por el país.
Dentro de la oleada no deja de llamar la atención el interés puesto por la delincuencia en cargar con las armas de fuego de las víctimas.
Las autoridades, que han anunciado otro programa de seguridad ciudadana, deben prestar atención a los casos, sin perder el menor tiempo frente a una epidemia que aterroriza a la población.

