Que sea duque de Palma y yerno del Rey de España no ha evitado que Iñaki Urdangarin sea imputado por corrupción. Y corre el riesgo de que si no paga la fianza de unos 11 millones de dólares que se le impuso a él y su socio en la supuesta trama, la Justicia proceda a embargarle sus bienes.
El patrimonio más valioso, que posee a medias con su esposa, la infanta Cristina, es un palacete en un barrio exclusivo de Barcelona que la pareja compró en 2004 gracias a una hipoteca que cubría el 100% del importe.
El caso Urdangarin es otro de los muchos mensajes sonoros para este país sobre la independencia del Poder Judicial y el alcance de la lucha contra la corrupción. Todavía hoy por aquí no se ha hecho el menor caso a escándalos más comprometedores que el desvío de fondos disfrazados para un instituto de su propiedad que se atribuye al esposo de la infanta Cristina. La Corona, para evitar conflictos, fue la primera en apartarlo de su redil. Que se defienda como pueda.
