La colectividad nacional no sale todavía del asombro y perplejidad que ha causado la propuesta formulada ayer por ocho gremios empresariales de modificar el Código Laboral para cercenar pago de cesantías laborales, remover horarios de trabajo y reducir derechos de los trabajadores en los procesos de demandas judiciales.
Aunque la presidenta de la Confederación Patronal, licenciada Marisol Vicens, admite que tan insólita iniciativa violenta derechos de empleados y obreros, el titular de la Asociación de Zonas Francas, Fernando Capellán, advierte que esa sería la única vía para evitar el despido en seis meses de unos 25 mil trabajadores.
Con un salario mínimo congelado desde hace más de dos años, cuando el crecimiento de la economía rondaba el ocho por ciento del PIB, el sector empleador afirma ahora que sus costos laborales están muy por encima del promedio en Centroamérica, por lo que considera necesario despojar a la masa laboral de derechos adquiridos.
No debe olvidarse que por más de 40 años, el empleado no disponía de una ley efectiva de pensión o jubilación y que la seguridad social era prácticamente inexistente y los servicios médicos excluían a la familia directa del trabajador.
Ese largo período de inequidad laboral se coronó con una reciente ley que exoneró a los empleadores del pago de cientos de millones de pesos en deudas acumuladas en el antiguo y obsoleto modelo de seguridad social, lo que indica que el lado patronal ha sabido cotejar su propia carga.
La iniciativa expuesta y defendida por la señorita Vicens, de recortar beneficios de cesantía y preaviso que la ley otorga a los trabajadores desahuciados, remover el horario laboral y cercenar el derecho a reclamar en justicia, es cuanto menos insensible, absurda, abusiva y violatoria a la Constitución.
Es injusto pretender que la clase trabajadora cargue con todo el pesado fardo de una crisis causada en todas partes por un modelo económico que el fenecido papa Juan Pablo Segundo definió comocapitalismo salvaje, como insano es amenazar con despidos masivos si no se conculcan derechos laborales.
En estos tiempos de vacas flacas, desde litorales empresariales se pretende reeditar la fatídica fábula del burro aquel que fue entrenado por su dueño para no comer nunca, pero logrado el objetivo, el animal murió de inanición.

