Por Ernesto Guerrero
guerrerocamiloe@gmail.com.-
Los mayores de 60 años de edad somos la población más impactada por la epidemia de COVID-19. Contagiarse y padecer otras condiciones médicas subyacentes, aumenta el riesgo de tener una enfermedad grave. En las últimas décadas vimos aumentar la calidad y expectativa de vida, pero de repente llegó esta tragedia que nos obliga a vivir una nueva “covidianidad”.
Para algunos políticos, la enfermedad es igual a una gripe que sin cuarentena, ni medidas de protección, infectaría mucha gente, hasta lograr la llamada “inmunidad de rebaño”; lo que en teoría contribuye a que la epidemia termine más rápido, sin afectar la economía. Sin embargo, no hay evidencia esto ocurra rápidamente y más bien puede terminar en un genocidio de adultos mayores.
A principios de la epidemia el gobernador de Texas, USA, dijo: “Los abuelos están dispuestos a morir por coronavirus para no dañar la economía”. El rechazo de las mascarillas y la eliminación de las medidas de cuarentena y distanciamiento de parte del presidente Trump se mueven hacia esa estrategia, que ya fue puesta en marcha por los suecos, con resultados hasta ahora contraproducentes.
Es una costumbre que varias generaciones convivan en la misma casa, incluyendo a los abuelos y abuelas, desafortunadamente, la convivencia familiar donde hay diferentes rangos de edad puede llegar a ser una tarea difícil. No obstante, podemos aprovechar estos días de confinamiento para realizar actividades en conjunto, siempre respetando sus espacios especiales para leer o ver su programa favorito.
La situación de los abuelos que viven solos, también merece una atención especial: apoyarlos con diligencias de compras y pagos de servicios y mejor aún introducirlos a la tecnología de las computadoras y celulares.
Aunque la epidemia de COVID-19 está aumentando y resurgiendo con fuerza en lugares que se creían controlados, la gente (incluyendo los mayores) está flexibilizando su encierro. —Hasta la reina Isabel con 94 años, salió del palacio para desempeñar un acto protocolar— De igual manera mi esposa y Yo abandonamos nuestra burbuja familiar y nos fuimos a “abuelear” para Houston.
Adaptarse a las nuevas reglas, es la clave para sobrevivir en esta pandemia.

