Editorial

Acta de defunción

Acta de defunción

El Senado de la República, que tiene entre sus  funciones aprobar y supervisar el cumplimiento de las leyes, acaba de autoinfringirse una estocada letal con la sanción del proyecto de Presupuesto para 2010.

Es inconcebible que la mayoría peledeísta de la Cámara Alta obviara la violación de 24 leyes que reconoció el Poder Ejecutivo al declarar de urgencia y aprobar en dos lecturas consecutivas la pieza legislativa. Tratándose de que la ley es la ley no hay pero que valga.

Demostró el Senado que los asuntos políticos de su conveniencia están por encima del interés nacional. Con la censurable violación el cuerpo se descalifica para la hoy más cuestionada función de legislar.

 Y pensar que la violación parte de una Cámara que jugó un papel protagónico en la aprobación de una nueva Constitución en torno a la cual girarán las actividades de la nación.

El secretario de Hacienda, licenciado Vicente Bengoa, había reconocido públicamente que el Presupuesto para 2010, que asciende a unos 379 mil millones de pesos, violaba 24 leyes especiales, entre las que figuran las que se refieren a la capitalización del Banco Central, al Poder Judicial, a la Secretaría de Educación y a los Ayuntamientos.

 El funcionario dijo que para corregir la situación iba a sugerir al presidente Leonel Fernández la modificación de las leyes que se violaban con el Presupuesto. Y aunque la pieza no ha sido presentada, el Senado de todas formas le dio su visto bueno.

La Cámara de Diputados tiene todavía la oportunidad de jugar mejor papel con relación al proyecto de Presupuesto. Pero lo más previsible, sin embargo, es que impulsada por los mismos intereses políticos también abjure de sus funciones con la aprobación de la controversial pieza en la misma forma que el Senado.

Con su actitud el Congreso no sólo renunciaría a las atribuciones que le confiere la Constitución, aunque no al vergonzoso “barrilito”, los jugosos viáticos y otros ofensivos beneficios, sino que sellaría su condición de caja de resonancia del Poder Ejecutivo. ¿O acaso faltaría más?

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación