Cuenta Fernando Savater, en su libro Política para Amador, que los lobos luchan entre sí por una hembra con ferocidad, pero cuando el que va perdiendo ofrece voluntariamente su cuello al más fuerte, el otro se da por contento y le perdona la vida; si en la batalla entre dos gorilas machos uno toma a un bebé gorila en los brazos y lo acuna como hacen las hembras, el otro cesa inmediatamente la pelea porque a las hembras no se las ataca
Desafortunadamente, en nuestro país existen hombres que piensan y actúan de manera irracional, peor que los lobos y los gorilas, lo que significa que algo inquietante y de sumo cuidado está sucediendo en nuestra sociedad.
Es cierto, puesto que resulta preocupante el aumento de menores exhibiendo, sin ningún reparo, un comportamiento delincuencial en potencia; de jóvenes adolescentes embarazadas que están trayendo al mundo criaturas, adoleciendo de los conocimientos básicos del significado de la palabra madre; y, como si fuera poco, de hombres que brutalmente golpean, hieren, matan y descuartizan a sus parejas.
Es como si estuviésemos viviendo en medio de una generación perdida.
Con un Código del Menor cuestionado, y nadie hace nada por modificarlo; con unos jueces que a ratos actúan como si para nada les importara los que han hecho y están haciendo los puros criminales.
La realidad, monda y lironda, es que los portadores de una conducta inapropiada y de las malas prácticas parecen no temerle a nada ni a nadie.
Lamentablemente, lo cierto es que en la medida que crece y avanza una sociedad moderna; a ese mismo ritmo tiende a crecer y a avanzar un submundo volátil, de altos riesgos, que suele odiar todo lo que representa lo que está mucho más allá de su cinturón perimetral.
Aquí les corresponde entrar en juego a las políticas públicas que sometan a la obediencia a todos aquéllos de comportamiento libertino, anárquico e irrespetuoso a las leyes existentes en nuestra nación.
Y no se trata de señalar, como es de costumbre, al Gobierno como el culpable directo de la descomposición social que hoy día estamos atravesando. En honor a la verdad, culpables somos todos, porque, de una forma u otra, hemos permitido que esta generación se haya descarrilado.
Lo correcto, entonces, es que, de una vez y por todas, asumamos nuestras responsabilidades y denunciemos y enfrentemos a todos aquellos que osan violentar la tranquilidad ciudadana. La consigna debería ser: cero tolerancia contra el comportamiento agresivo.

