En el mundo, anualmente nacen 17 millones de hijos/as de madres adolescentes entre 15 a 19 años, lo que equivale al 13% de todos los nacimientos. Esto ocurre entre las mujeres más pobres y con menor educación, estableciendo una inequidad social de raíces en las discriminaciones por género, constituyéndose en una puerta de entrada a la pobreza, así como en un mecanismo de reproducción generacional de ella.
En América Latina y el Caribe, cerca del 50% de las y los adolescentes menores de 17 años ya son sexualmente activos antes de cumplir los 18 años y el 65% de ellos/as, no usan una protección anticonceptiva ni contra las infecciones de transmisión sexual en su primera relación sexual.
De acuerdo a Prevención del Embarazo en Adolescentes con Perspectiva de Género y Enfoque de DDHH: Hacia una Política Nacional, publicación del Comité Técnico Interinstitucional para la Prevención del Embarazo en la Adolescencia, del país, es un fenómeno que va más allá del sector salud, debido a que acarrea múltiples consecuencias no sólo en el orden de la salud, sino también para el desarrollo social en general, con consecuencias que alcanzan a la mujer adolescente, a su hijo o hija, a su pareja, a su familia y a la comunidad misma a la cual pertenece.
Además, entre los países de la región, la República Dominicana está entre los 5 con más altos índices de embarazos en adolescentes, presentando una de las más altas tasas de fecundidad en adolescentes de 15 a 19 años de edad, registrada en 92 por 1.000 mujeres.
Como causas estructurales y complejas el estudio mencionado, habla de las deficiencias respecto a la sexualidad de las y los adolescentes, tanto en la familia como en la sociedad, sin una educación sexual que permita a los/as adolescentes manejar su sexualidad con responsabilidad, así como la falta de oportunidades educativas y laborales y de proyecto de vida, todo esto dentro de una visión familista que a través de diversos mecanismos, amortigua los costos de la reproducción temprana.
El país aún está abrumado con el caso de Esperancita o Rosaura, la adolescente embarazada y con leucemia, que la ciencia criolla, timorata y genuflexa, no pudo salvar por empecinarse en conservar un embrión de pocas semanas que también se fue en el intento.
El 26 de septiembre es el Día Nacional para la Prevención del Embarazo no Planificado en Adolescentes y debemos recordar que su prevención es tarea de todos los sectores gubernamentales y de la sociedad civil, incluyendo a los medios de comunicación y la iniciativa privada.
¡No más casos de Esperanzas que matan a Rosauras!

