El temblor de 4.8 grados en la escala de Richter, que ayer en la madrugada se sintió en gran parte del territorio nacional y cuyo epicentro fue ubicado en San Pedro de Macorís, debería ser recibido como advertencia contra la improvisación o la carencia de políticas de prevención ante posibles desastres naturales.
Desde 2003, cuando un sismo de 6.4 grados causó severos daños en Puerto Plata y la zona Norte, expertos en el estudio de ese tipo de fenómeno han advertido sobre la posibilidad de que ocurra un movimiento telúrico de gran magnitud.
Sismólogos de la talla de Rafael Corominas Pepín, Orlando Franco y Juan Payero han llamado la atención sobre las abundantes fallas o rasgos sismogenéticos presentes en el territorio nacional que lo ubican entre los de mayores riesgos de terremotos en toda la región del Caribe.
Algunos estudiosos del tema sostienen la tesis de que cada cinco años puede ocurrir aquí un temblor cercano a los 6.5 en la escala de Richter y otro de carácter destructivo cada 20 años.
Con tantos malos presagios y a pesar de que desde 2003, cuando el sismo de Puerto Plata, han ocurrido numerosos temblores menores, Gobierno ni sociedad parecen interesados en promover y aplicar un programa nacional de prevención de desastres ante la posibilidad de que ocurra un terremoto de gran magnitud.
Puede decirse que República Dominicana es cuna de improvisación o negligencia. Tanto así, que hubo que esperar que un derrumbe sepultara a la comunidad de Carlos Díaz, Tamboril, para comprobar la advertencia de hace 30 años sobre el peligro de improvisar un asentamiento humano en estribaciones de la Cordillera Septentrional.
Ningún tipo de normativa se aplica para garantizar que nuevas edificaciones públicas y privadas cumplan con todas las especificaciones anti sísmicas ni para garantizar abordaje efectivo de los organismos de socorro en comunidades vulnerables a la ocurrencia de temblores de mayor o menor magnitud.
Por abundantes fallas geológicas y por la relativa frecuencia de terremotos, República Dominicana puede considerarse entre las naciones con mayor proclividad a este tipo de desastre, por lo que improvisación, negligencia e indiferencia se convierten en agravante de un cuadro posible que puede significar -Dios no lo quiera- la reedición de episodios trágicos.

