Luego de un par de semanas de ausencia por motivo del natural descanso que requieren las personas que trabajan todo el año, ahora que regreso a la habitual columna de los viernes en este ilustre vespertino, evoco esa frase mágica con la que amigos y conocidos en ocasiones saludan a quienes tenemos la fortuna de escribir periódicamente en un medio: siempre te leo. Cuando la escucho, no puedo más que agradecer en el alma la buena intención de la amable lectoría que valora este esfuerzo de comunicar mis ideas y reflexiones sobre temas que nos atañen a todos.
Como fue notorio en la temática reiterada de las entregas del último año y medio, estuve inmerso en el proceso de selección de los jueces de las denominadas altas cortes, en específico como candidato al Tribunal Constitucional. Y tanto por la profundización académica realizada en la materia, como por el hecho cierto de que la aplicación de muchas de las nuevas disposiciones constitucionales productos de la reforma del 2010 concitaron por controversiales la atención pública, hube de dedicarles mucho análisis a la teoría jurídica comparada para abordar desde el constitucionalismo moderno esta incipiente praxis de los poderes del Estado dominicano.
Una vez integrado el órgano que deberá limitar el accionar de estos poderes y hacer eficaces los derechos fundamentales de las personas como quiere y manda la Constitución, dejo constancia de que continuaré mi labor docente en Derecho Procesal Constitucional y, como ciudadano y abogado, estaré vigilante a que los magistrados electos legitimen sus nombramientos con decisiones fundamentadas en derecho.
En otro orden de ideas, la columna privilegiará temas atinentes a la contienda político partidaria que dominará el proscenio en los próximos 4 meses y en la que pretendo participar donde añadan valor mis competencias profesionales y tengan cabida ideas progresistas hacia la equidad social.
Contrario a funcionarios públicos y comunicadores que analizan la realidad política y económica y escriben y hablan en los medios desde ficticias posturas de imparcialidad y de objetividad respecto a sus simpatías o militancias partidarias, reafirmo que desde hace más de 20 años tengo las mías en el Partido Revolucionario Dominicano, PRD, porque el pensamiento socialdemócrata es lo más cercano a mi cosmovisión crítica del mundo y de la organización de las relaciones de poder entre las personas y el Estado.
En esta condición, la que me permite también tener y expresar mis ideas en disenso de lo que podría ser una línea de partido, he retomado mis labores en las instancias desde donde valiosos compañeros trabajan de manera ardua y efectiva para mantener en una posición cimera al candidato del PRD Ing. Hipólito Mejía, quien se encamina a ser el próximo Presidente de la República por voluntad mayoritaria del pueblo dominicano.
Por último, exhorto al apreciado compañero y presidente del PRD Ing. Miguel Vargas y a sus colaboradores a que culminen el proceso de integración a los distintos comandos de campaña para que unidos ganemos las próximas elecciones y aportemos el necesario e impostergable equilibrio que requiere el ejercicio del poder político nacional.

