Como somos desafectos al sistema, lo que nos preocupa no es la culminación de las elecciones presidenciales y congresuales pautadas para el próximo cinco de julio; cavilamos sobre qué nos depara el futuro, y cómo transcurrirá el próximo cuatrienio gubernamental.
El continuismo de los gobiernos en países como República Dominicana, causa agotamiento. Obnubila, ensimisma, e inutiliza la dínamo generador de auténticas y legítimas iniciativas que fortalezcan nuestra democracia. Esto, aunque se endurezcan demandas de la oposición contra las políticas públicas del gobierno de turno.
Paradójicamente, somos más festivos licenciosos y menos radicales enfrentando obstáculos que, tal parece, no perfilan perspectivas adornadas de armonía. Observamos ciertas vacilaciones. Hay deslices con los que hemos sido permisivos y distraídos.
Y decimos esto, porque parecería que lo trascendente es sacar a Danilo del poder aunque soportemos rémoras políticas y lacras que, en el futuro, causarán desasosiegos e incremento de la corrupción. Todavía persiste la presencia de perversos actores que no deberían aspirar ni a una regiduría.
Sin temor a equivocarnos, podríamos decir que sólo una vez, en 1978, se preveía un cambio más convincente y con menos arrugas. Aunque luego, en los 90, se presentó el malhadado Frente Patriótico que, de alguna forma nos hizo retroceder, y envileció más a nuestra sociedad.
Con todo eso, asistimos a una campaña electoral por demás sucia; plagada de acusaciones, epítetos y motes despectivos, de uno y otro bando, con la agravante de una presunta entronización de la narco-política.
Sólo nos queda esperar. Y, ojalá no suceda lo que acontece en el presente. Nos referimos a que aún con el lastre dejado por pasados gobiernos, sus protagonistas siguen ocupando un importante espacio en el activismo político-partidario. Es decir, que Danilo Medina, por nueva vez, podría ser aclamado por sus seguidores.
Por: Fernando De León
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