Un grupo de haitianos ilegales se congregó frente al Altar de la Patria, exigiendo derechos que no tienen en virtud de la Carta Magna de la República, que establece claramente quienes poseen la nacionalidad dominicana y el modo de adquirirla, principios reforzados por una sentencia del Tribunal Constitucional que define quiénes son ciudadanos de nuestro país y las formalidades que deben cumplir para estar investido de tal condición. La decisión del alto tribunal es vinculante a todos los poderes del Estado.
En una acción repulsiva y condenable, los haitianos escogieron el lugar donde descansan los restos de los Padres de la Patria, bailando gagá y ofrecer un espectáculo deplorablemente al ritmo despreciable de los ritos satánicos que prevalecen en Haití, desde que ese país adquirió su independencia en el año 1804.
Luego de ese acontecimiento, los antiguos esclavos africanos, tienen su mira hacia nuestro territorio, llegando al extremo de sojuzgarnos por 22 años.
Fueron precisamente Duarte, Sánchez y Mella, que encabezaron la lucha contra los haitianos y nos independizaron de Haití. Y sus habitantes no descansan en profanar los símbolos patrios, sin ningún régimen de consecuencias, pues hasta ahora el gobierno exhibe una actitud de indiferencia y tolerancia, comprometiendo el futuro de nuestro destino como nación.
Es una agresión que un lugar tan venerable y santuario, como el Altar de la Patria, escenario escogido por los gobiernos, instituciones civiles y oficiales, así como agrupaciones de la vida nacional y los estudiantes de escuelas públicas, para rendir tributo a los patricios, sea manchado por haitianos carentes de la más mínima formación, del significado de los símbolos de identidad de cualquier país libre.
Frente a la inacción de las autoridades de este gobierno, hay muchos dominicanos dispuestos a ponerle el cascabel al gato, aún con riesgo de sus propias vidas, y que nadie dude que cuando la población decida poner término a la invasión denigrantes de Haití, saldremos triunfantes por la puerta ancha.
En Santiago, sus habitantes han detenido a muchos haitianos ilegales y los han llevado a la frontera y allí cruzan hacia su país. En Nueva York, también un grupo de haitianos se concentró en los alrededores de una estatua de Duarte,erigida en los altos de Manhattan, solicitando que la efigie sea removida por la alcaldía de esa ciudad.

