La aguda escasez de agua continúa en Santo Domingo y otras ciudades, como resultado de la sequía y también por otras causas, como el derroche y las fugas intradomiciliarias. Las autoridades dicen haber tomado medidas para paliar la crisis, que afecta mayormente a los barrios pobres.
En busca del agua, ciudadanos de escasos recursos se ven precisados a disponer de lo poco que consiguen para comprar agua de camiones. Casi siempre es agua contaminada, con graves riesgos para la salud.
Se han planteado diversas alternativas para ampliar el suministro de agua a Santo Domingo, pero solo se habla de búsqueda de soluciones cuando existe sequía.
Es vieja la historia de la Presa de Madrigal, que garantizaba por lo menos ocho metros cubicos de agua por segundo al Acueducto de Santo Domingo. Estudios realizados por el sector privado, dan cuentan de que se puede obtener de diez a doce metros cúbicos.
Madrigal fue obstaculizada desde el Congreso por motivos políticos, cuando existía financiamiento seguro del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
El retraso en la construcción de la Presa de Madrigal arrojó un gravísimo problema, consistente en la superpoblación en el área del embalse. Son muchas las personas que desde 1982 se han instalado en la zona, y su desalojo crearía problemas. Quizás sería pertinente revisar esos estudios, para construirla por etapas o disminuir su estructura, de manera que el embalse sea inferior para que afecte una menor cantidad de viviendas.
El caudal se reduciría a por lo menos 4 metros cúbicos por segundo, que serían enviados a la planta de tratamiento de Manoguayabo, para reducir el costo.
Esta solución, resultaría más factible que traer agua de otras cuencas lejanas, como por ejemplo de Cotuí o de Bonao.
Otra ventaja sería que, de hacerse como lo hemos planteado, el período de construcción se reduciría a unos dos años. Se dirá que para entonces la población habrá crecido y habrá mayor demanda de agua, pero la cuestión es que hay que buscar soluciones impostergables. Los munícipes de Santo Domingo y sus barrios no merecen sufrir tanto en épocas de sequía.
Entretanto, podría disponerse de brigadas debidamente identificadas para que vayan barrio por barrio a corregir fugas domiciliarias, responsables de un elevado porcentaje de desperdicio. Simultáneamente, emprender una masiva campaña educativa que motive a los ciudadanos a ahorrar agua.

