Ante constantes denuncias de que personal militar, policial, del Ministerio Público y judicial actúan en connivencia con el narcotráfico, conviene que una publicitada labor de limpieza o profilaxis se extienda por todos los estamentos de esas instituciones, a los fines de poder cortar cualquier cordón umbilical que conecte a la autoridad con el crimen.
Sin prejuicio ni contemplaciones, se requiere que militares, policías, fiscales y jueces expongan sus ropas al sol, para que cualquier mancha sea detectada por los mecanismos de fiscalización y control de los cuerpos castrenses y policiales, Poder Judicial y Procuraduría General.
Los mandos militares y policiales han adelantado que aplican programas de depuración en sus nóminas, lo que ha permitido excluir de sus filas a personal considerado vulnerable a la comisión de crímenes y delitos o a la complicidad con la criminalidad.
Esa labor de limpieza debe incluir al Poder Judicial y al Ministerio Público, salpicadas también por denuncia de jueces y fiscales que habrían emitido sentencias y dictámenes complacientes con imputados narcotráficos y crímenes conexos.
Complace saber que el presidente de la Suprema Corte de Justicia, doctor Jorge Subero Isa, y el procurador general, doctor Radhamés Jiménez Peña, han expresado firme voluntad de higienizar también los ambientes de la judicatura y de las fiscalías. Se aconseja buena provisión de agua, jabón y cloro.
Orlando
A 34 años del asesinato contra el periodista Orlando Martínez, parecen diluirse las esperanzas de que los autores intelectuales de ese crimen sean sentados en el banquillo de los acusados y condenados por el diseño de un hecho tan horrendo.
Ministerio Público ni justicia deberían cargar con tan pesado fardo de no poder o no querer identificar a quienes desde elevadas instancias del Poder político o militar ordenaron el asesinato de Orlando, sin que la ciudadanía llegue siquiera a enterarse cuáles hilos todavía impiden que se haga justicia.
Al conmemorarse un nuevo aniversario de la muerte del recordado director de la revista ¡Ahora! y columnista de El Nacional, es deseable que complicidad, cobardía ni indiferencia se confabulen para que en la historia de la justicia nacional se coloque otra página en blanco.

