Opinión

Ajititi

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«Raymond cree que se la está comiendo»
El humorismo, en todas sus manifestaciones, es un privilegiado de las artes que cuenta con un elevado número de seguidores, en una sociedad que alienta sus penas con la risa y esconde la desesperanza tras el telón de una fugaz carcajada en el teatro de la vida.

Sin embargo, hay comediantes que no compreden aún, a pesar de los años inmersos en este difícil oficio, que además de alegrar, los humoristas y cómicos son emisores de mensajes que los perceptores, que constituyen el público, los asimilan con la vehemencia propia de los fanáticos del béisbol, ésos que no se avergüenzan de estar en pelota hasta en los meses más fríos del año.

Por ejemplo, Raymond Pozo le hace un flaco servicio a la Organización Mundial de la Salud, cuando, al creer que se la está comiendo, recomienda llenarnos la panza con una ingesta tan abundante,
que los botones se convierten en armas tan nocivas que sólo podrían compararse con los misiles de largo alcance de Kim Jong Un, un mal pelado que no negocia pelo a pelo con Donald Trump.

Tubérculo Gourmet es un segmento telenocivo que indigesta, que provoca no sólo acidez en el teleauditorio, sino que nos hace repetir y eruptar de impotencia, negándonos el placer de una comida ligera, como la carrera de ciertos politicastros que llegan a la cima del oportunismo.

El gracioso muchado de San Cristóbal, cuya vida apresurada en sus días juveniles no le permitió la ilustración que él hubiese deseado, se ahoga en su propio Pozo, el que le ha cavado una legión insulsa, que lo hace creer estar en sus aguas.

Y está en sus aguas; en las que tienen hirviendo muchas madres para pasar por éstas a Raymond, porque sus hijos, admiradores del comediante, en vez de comer «corn flakes», prefieren yuca; han cambiado la papa por batata y salsean el concón y desprecian el risotto.

Aunque el comediante tiene su aceite, que evite aconsejar comer con grasa, a que la gente se crea, como decía el doctor, no el médico, que estar gordo y colorado es una demostración de buena salud.
Más de una tercera parte de la población mundial es obesa y Raymond, que no es avezado en nutrición, debería poner a dieta su programa, porque está cayendo muy pesado.

Los que tienen sobrepeso son marginados en sociedades como la nuestra, al punto que en el transporte público les exigen pagar doble por el pasaje. ¡Concho!, y son objeto de inaceptables burlas, entre otras discriminaciones.

El único aporte de Tubérculo Gourmet lo aprecian los endocrinólogos, que gracias a las recomendaciones del afable chef que nos gastamos, éstos reciben gruesos beneficios.
Es preferible pasar los alimentos por «baño de María», que por un Pozo.

El Nacional

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