«Un solo Duarte»
Duarte no puede ser la efigie a orilla de un peso fuera de circulación ni la calle principal de pueblos olvidados.
Duarte no puede ser el nombre de un puente por encima de un río por el que corre la pestilencia y donde las lilas danzan su último baile de muerte.
Duarte no puede ser un mausoleo
de ofrendas mustias y de discursos
partidistas.
Duarte no puede ser un parque sin árboles ni flores, con bancos donados para entretener la pereza de los que no les importa que se hunda la isla.
Duarte no puede ser paradigma de guardias que combaten su ejemplo izando la bandera de la hipocresía.
Duarte no puede ser una autopista sembrada de cruces a ambos lados de la muerte por la indiferencia de aquellos que no les importa la vida.
Duarte no puede ser un complejo deportivo en donde se juega con la juventud ignorada, aquella a la que los privilegios le gana la carrera.
Duarte no puede ser un campamento en donde se inculque la represión inmisericorde y gris, cual día nublado del oprobio.
Duarte no puede ser una estatua inadvertida, una moneda manoseada, un sello de correo o un nombre nada más.
Duarte no puede ser la Kennedy, la Lincoln, la Churchil, menos aún una roída bandera ondeando en la frontera.
Duarte es pureza.
Duarte es nacionalismo.
Duarte es honra.
Duarte es entrega.
Duarte es pensamiento.
Duarte es el escudo que late sólo en el pecho de los que aman la patria de corazón

