Como legisladores, Juan Hubieres y Luisín Jiménez comenzaron con buen pie. Un proyecto de ley para fijar salarios ajustados a la canasta familiar, es colocado en primer plano, traído de las manos de Hubieres. Mientras Jiménez promete promover la creación de cárceles privadas, acopiando modelos que funcionan exitosamente en otros países. Con espacio para ocuparme del primer tema, dejo el segundo para una próxima entrega.
No hace falta ser economista ni experto en finanzas para entender que los sueldos de los que ganan menos deben ser reajustados a partir de las necesidades básicas.
Hubieres promoverá un salario mínimo de 15,000 pesos al mes para obreros y empleados, incluyendo a policías y militares, una propuesta tan justa como pertinente.
Estados Unidos cifra su poder económico más en el poder de compra que de producción.
La seguridad ciudadana y la eficiencia en las recaudaciones y todo el ejercicio público dependen de sueldos razonables.
El nuevo ministro de las Fuerzas Armadas amenaza con sacar las manzanas podridas de los cuerpos armados. Obvia, desde luego, la causa principal de esa descomposición. ¿Puedes exigirle dignidad a un hombre o una mujer uniformada que devenga entre 4 y 5 mil pesos al mes?
Aun eliminando gastos innecesarios y acepte vivir con limitaciones extremas, no hay forma de que una familia humilde pueda mantenerse con ingresos por debajo de los 30 mil pesos mensuales, menos de 30 dólares diarios.
Es deplorable la enorme brecha que separa a los sectores de bajos y medianos ingresos de los altos funcionarios, ejecutivos empresariales y legisladores, cuyos sueldos y beneficios marginales provocan un estado de indignación e injusticia insostenibles. De ahí el rechazo general al aumento salarial de los senadores.
