Opinión

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98 años: 1865-1963

La Guerra de Secesión norteamericana fue el choque de trenes entre los abolicionistas y los esclavistas.  Los primeros querían la igualdad de los negros ante la sociedad y la ley –justicia y derechos de trabajo-, y los segundos, propietarios de haciendas y de la naciente industria, necesitaban la garantía del trabajo esclavo para invertir muy poco y obtener casi todos los beneficios.

 Entre 1863 y 1865, los estados del Sur y del Norte se enfrascaron en la única guerra civil de la historia de Estados Unidos. Al frente de los segundos, el presidente Abraham Lincoln, quien poco después de la victoria sería asesinado, el 14 de abril de aquel último año.

 La esclavitud quedó abolida pero sólo de manera legal.  La pobreza de la población negra y su imposible representatividad en los estados y sus sociedades mantuvieron en carne viva las injusticias de la esclavitud, que empezaban por la discriminación y la segregación raciales.

 El proceso de lucha de los negros por sus derechos tomó con exactitud 98 años, hasta 1963, cuando se promulgó la Ley de Integración.

 En el interregno, los negros obtenían grados de igualdad en las oportunidades de empleos y, escolarizados y graduados en las universidades, luchaban por conquistar la posición socioeconómica y política de sus iguales blancos.

 Aunque los sirvientes todavía eran negros –siempre ha sido éste el segmento más pobre y falto de oportunidad de educación de la población norteamericano- había de éstos en todas las actividades industriales, comerciales, bancarias, sociales y políticas.

 Con rangos mayores o menores del sedimento de discrimen que permanecía y que permanece todavía, pero allí estaban, representados en el aspecto moral con la lucha del pacifista Martin Luther King por los derechos civiles para los negros.

 La radicalización de la lucha negra en 1960 y años siguientes, con la reivindicación del origen africano de esa población, si bien radicalizó por contradicción a los herederos de los esclavistas, mostró a los neoabolicionistas y antiesclavistas la necesidad de profundizar la integración.

 Y empezaron a tener lugar las cuotas de empleos y oportunidades para negros, según su porcentaje poblacional, y otras “conquistas” que llevaron a afroamericanos casi a las aulas de las universidades “Ivy League” o para ricos (blancos, por supuesto).

    Las ideologías que luchaban en la “guerra fría” desde los cincuenta hasta casi los noventa –incluída en Estados Unidos la irrupción del Comité de Actividades Antiamericanas del senador Joseph MacCarthy-, dejaban el rescoldo con el que se enfrentaría a la radicalización del movimiento negro.

 No fue difícil ubicar a los Panteras Negras y a otros grupos entre los sectores ideológicos adversarios del capitalismo norteamericano y entre asesinatos, prisiones, presiones y represión, a principios de los setenta ya no había grupos ni negros radicales.  Incluido el asesinato de King.

 Años después y hasta el presente, lo que queda es una caricatura del movimiento negro –en mentalidad y conducta social también caricaturizadas- epitafio trágico de la lucha de los Angela Davis, Malcolm X, Stockely Carmichael y Elijah Muhammad.

El Nacional

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