Los chinodominicanos
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Los primeros conocidos a nivel nacional fueron los chinos de Bonao. Eran los dueños de un parador, escala obligada en los viajes de Santo Domingo al resto Cibao.
Se contaba que un cibaeño llegó al mostrador y pidió a uno de esos orientales un pai de crema y que el solícito dependiente regresó con dos cigarrillos Cremas en un platito.
Lo que el criollo solicitaba era un pie, una exquisitez de la repostería cuyo nombre en inglés se pronuncia pai. Como los cibaeños hablan con la i, el chino entendió que era un par y no un pie.
En el aspecto doméstico, los capitaleños de los años cuarenta, cincuenta y sesenta estaban acostumbrados a los chinos, quienes también restoranes como el Mario, donde se inventó el chicharrón de pollo pero eran más abundantes sus lavanderías.
En el centro de la zona colonial, la presencia semanal de Luis El Chino en busca de la lopa era habitual en hogares de clase media. (Los chinos tienen problemas con la pronunciación de la ere, que cambian por ele, y de ahí lopa y no ropa).
Durante esos decenios y antes los integrantes de la colonia china no se mezclaban con los dominicanos más que para los tratos de sus negocios. Después de los años sesenta, con la democracia que empezó tras el ajusticiamiento del tirano Rafael Trujillo, empezó a haber chinodominicanos, hijos de chinos con criollas y de criollos con chinas.
Y así, hasta que poblaron también las aulas técnicas, las primarias, secundarias y universitarias, y el ejercicio de todas las profesiones que se conocía en esos años. Y la integración empezó a completarse.
Había un refrán, para referirse a casos de difícil curación, que afirmaba que tal o cual enfermedad no la curaba ni el médico chino. No se sabía cuál era el origen de la sentencia popular, ni quién había sido aquella eminencia oriental de la medicina, pero ya en los años cincuenta, como de los sesenta en adelante, cada vez hubo más médicos chinodominicanos, y el adagio cayó en desuso.
En estos últimos años, Rosa NG y un grupo de inmigrantes y de criollos decidieron levantar un barrio chino en un lugar de la avenida Duarte, que fue siempre sector de negocios de orientales en las ramas de alimentos, colmados y supermercados, tiendas de ropa y mercería y, por supuesto, lavanderías.

