Opinión

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Puro trujillismo

La Estructura gubernamental conserva importantes rasgos de la mentalidad  trujillista. El clientelismo aparea la genuflexión y la adulación descaradas al extremo de que un funcionario del Estado es incapaz de informar que en su dependencia se compró un rollo de papel sanitario sin que obedeciera a “la elevada disposición del Presidente”.

 El último ejemplo de lambisconería colectiva lo dio la audiencia de senadores, diputados y otros funcionarios invitados al discurso de rendición de cuentas del presidente Fernández el 27 de Febrero.

 Se vio a elementos de sólida tradición trujillista –caso de la presidenta de la Cámara de Cuentas, Lisselotte Marte-, como a otros representativos del neotrujillismo balaguerista y a nuevos corifeos de la genuflexión peledeista, aplaudir a rabiar y ponerse de pie, al hacerlo, a fin de dar con esa reverencia mayor calor a sus palmas y asegurar el valor de los bonos que los tienen y mantiene en los puestos.

 Vale la excepción del presidente de la Junta Central Electoral Julio César Castaños, quien no se dejó tentar por la seducción de los aduladores y mantuvo la equidistancia y la seriedad, igual que invitados extranjeros de organizaciones internacionales.

 El diputado del remanente del Partido Reformista Social Cristiano Ramón Rogelio Genao, epígono del neotrujillismo de Joaquín Balaguer, era como todos un concierto de sonrisas y de aplausos y de arrodilladas e innecesarias puestas de pie.

 El secretario de las Fuerzas Armadas Rafael Peña Antonio y otros jefes militares y de la Policía sucumbieron a trujillismo y neotrujillismo de formación para aplaudir en todos los casos y, en todos los casos, hacer el coro servil de quienes se ponían de pie para acentuar sus aplausos.

 Es puro trujillismo  y puro neotrujillismo creer  que los ministerios y aún las posiciones electivas de senador y diputado son gracias del Presidente y no hijas del mérito profesional y partidario y de la conquista individual de votos de provincias y municipios.

 Y de ahí la necesidad de reverenciar de la forma más servil al Presidente, quien es además presidente del PLD y caudillo sin discusión de ese partido y de la mayoría de sus aliados que no son tales sino beneficiarios, oportunistas a la caza de las “boronas” que el desempeño de puestos deja caer o que sus incumbentes apean a pedradas de la mata del poder.

 La conducta de la mayor parte de los invitados a la rendición de cuentas del presidente Fernández, que como siempre fue mucho más una obra de ficción que una visión crítica de la realidad, representó para los dominicanos de conciencia un espectáculo de mal gusto que confirma la certeza de que la mentalidad de la tiranía de Trujillo está demasiado presente en la política.

El Nacional

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