Mucha de la gente que va a funerales y entierros lo hace, y lo dice, para cumplir. Esta columna se escribe por la misma razón.
El domingo 6 de marzo, centenares de miles de sus miembros y simpatizantes concurrieron a la convocatoria de la Comisión Nacional Organizadora de la XXIX Convención del Partido Revolucionario,
Se escogería al candidato presidencial de la organización entre los precandidatos Miguel Vargas Maldonado e Hipólito Mejía.
Hubo 983,175 votos válidos, en 3,641 centros de votación, 53.44 por ciento de los cuales se inclinaron por Mejía y 46.56 por Vargas Maldonado.
La Comisión registró 1,872 votos observados.
No hubo una protesta de irregularidad por miembros de siquiera uno de los centros de votación.
Como es tradicional en materia de elecciones de todo tipo, incluidas las presidenciales y provinciales, la mayoría votó en orden y armonía y dentro de un clima de respetuosa pluralidad.
Hasta las seis de la tarde.
Había ya tres boletines no dados a conocer al público cuando miembros de la Comisión decidieron visitar a uno de los candidatos para atenuar el golpe de su derrota.
Lo que no era en lo absoluto misión de ese organismo colegiado, integrado para arbitrar la XXIX Convención y no para conciliábulos entre partes.
Cerca de las ocho de la noche, la Comisión dio a conocer los boletines y declaró ganador a Mejía.
Poco antes, el vocero de Vargas Maldonado, Alfredo Pacheco, había convocado a una rueda para anunciarlo como ganador.
(Desde entonces, el antiguo diputado perredeísta y frustrado candidato a síndico por el Distrito no ha vuelto a decir ni esta boca es mía. Hablaría, el 22, desde su refugio en Miami).
Pero los partidarios de Vargas Maldonado sí lo han hecho y su petición esencial es que se anule la Convención y que se repita.
Eso, sin aportar una sola prueba de que en las elecciones perredeístas votarían a favor de Mejía 200 mil miembros y dirigentes del Partido de la Liberación.
Del 6 de marzo en la noche hasta estos mismos días, en el PRD hay una crisis y varios perredeístas tradicionales recomiendan como solución saltar la soberanía expresada en la Convención y que haya un arrreglo entre Mejía y Vargas Maldonado.
Lo que ocurre entre los dirigentes del PRD, no entre las bases de miembros y entre los simpatizantes que votaron como gente civilizada en la Convención, es resultado de muchos arreglos anteriores que también han desconocido la soberanía de las bases y han hecho prevalecer los mezquinos intereses de dirigentes.
Y hasta aquí, para cumplir, estas 450 palabras desperdiciadas en una columna que solo valdría como epitafio de la democracia perredeísta.

