El mal se paga en la tierra
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Algunos creyentes aseguran que el mal que se hace aquí se paga en la tierra. Salvador Jorge Blanco empezó a pagar de inmediato.
Acusado por corrupción, fue llevado a la justicia mientras protagonizaba un sainete en la que pretendió un espasmo coronario para evitar el banquillo de los acusados. Lo que aprovechó Marino Vinicio Castillo, tropa de choque del Balaguer para acusarlo con sorna de sufrir un espanto coronario y no la tal afección cardíaca.
(A seguidas, y en su condición de gurú antidrogas, Castillo acusó al PRD y a De Camps de manejar 17 aeropuertos clandestinos para recibir narcóticos durante el cuadrienio anterior).
Para tomar el mejor partido en la crisis perredeísta, Balaguer ordenó a la Junta Central Electoral que reconociera a José Francisco Peña Gómez derechos de líder máximo y que decidiera a su favor en la litis por el PRD que sostenía con Majluta.
Balaguer escogió a su adversario.
Peña Gómez se quedó con el PRD y Majluta renunció y constituyó al Partido Revolucionario Independiente (PRI), al frente del cual participaría en las elecciones de 1990.
El líder máximo fue como candidato en esas elecciones y, víctima del fraude balaguerista, quedó en la oposición. Lo mismo que en 1994 y 1996. Ha sido el dirigente perredeísta que más veces ha sido candidato y también el que más se ha visto impedido de alcanzar el poder.
Para 1994, Balaguer enarboló contra Peña Gómez su condición de negro y descendiente de haitianos y levantó un movimiento patriótico que puso de moda el uso de las banderas dominicanas como lábaros de campaña electoral.
El máximo líder no encontró talento para enfrentar la campaña racista y antihaitiana de Balaguer y, como si le hiciera el juego al caudillo neotrujillista, hizo cuanto estuvo en sus manos para que aquél conservara el poder directo e indirecto en las elecciones de 1994 y 1996.
En ese último año, ya Peña Gómez era víctima de un cáncer terminal pero comoquiera fue el candidato. Balaguer lo venció con sólo el 13 por ciento que no había ganado él sino el candidato reformista Jacinto Peynado.
En el ínterin, y después de su patética actuación de 1986 y 1987, Salvador Jorge Blanco no pudo levantar cabeza y, hasta el día de hoy, mantiene en el Partido Revolucionario una insignificante posición de dirigente inorgánico.
A manera de compensación, su hijo Orlando fue nombrado secretario general del PRD durante la administración de Hipólito Mejía entre 2000 y 2004 y vuelto a nombrar entre 2009 y 2010.

