Cadáveres reales y simbólicos
Fruto de la genialidad política de José Francisco Peña Gómez a partir de 1986, lo que incluyó postularse como candidato presidencial en 1990, 1994 y 1996, en el Partido Revolucionario emergió el liderato de Hipólito Mejía.
(En las elecciones de 1990, el PRD ganó la menor cantidad de votos hasta ese momento y hasta hoy).
Con Peña Gómez enfermo y sin otra opción partidaria, emergió el liderato de Mejía, quien se impuso por cerca del 90 porciento en la convención partidaria y ganó las elecciones de 2000 con cerca del 50 por ciento.
Hatuey De Camps no resistió esa cadena de golpes, lo que lo bajaba a una posición de simple dirigente porque Mejía impondría a su gente en el PRD, y antes de terminar el cuadrienio fundó un partido, franquicia comercial, a cuya cabeza, por supuesto, sobrevive.
Integrado por familiares, y amigos que lo dejan por un sueldo en el gobierno, se las ingenia para mantener por alianza el reconocimiento de la Junta Central Electoral ya que, en materia de convocar y ganar votos, De Camps no cuenta con esa capacidad.
Muerto el doctor Peña Gómez, es poco discutible la condición de cadáveres políticos de Salvador Jorge Blanco y Decamps. Los resultados de la acción de 1986 no pudieron ni han podido ser más negativos y dramáticos para el trío.
¿Servirá revisar la experiencia y consecuencias de 1986 para racionalizar y corregir posiciones en el presente tirijala individualista que tiene al PRD sin la mínima esperanza de hacer un papel decente en las elecciones de mediados de mes?
Dicen que al perro huevero, ni que le quemen el hocico. Y la sentencia popular, de acuerdo con su trayectoria e historia de 1961 a estos días, parece aplicarse al PRD como anillo al dedo.
Hipólito Mejía, Guido Gómez Mazara y Luis Abinader mantendrán sus apuestas a la derrota del presidente Miguel Vargas Maldonado, aunque implique la derrota del PRD, y saborearán esa rara victoria después del conteo de los votos del 17 de este mes.
Jorge Blanco, Peña Gómez y De Camps apostaron en 1986 contra la victoria de Majjluta y a favor de la victoria de Joaquín Balaguer. Lo que obtuvo cada uno en los 24 años siguientes está ahí, al alcance de la consulta de quien quiera.
El nuevo trío perredeísta apuesta ahora por la derrota de Vargas Maldonado y, por carambola, a favor de la victoria del presidente Fernández, también caudillo del Partido de la Liberación.
¿Cuánto habrá que esperar para empezar a contabilizar de la manera más negativa y patética los resultados que por esta acción obtengan Mejía, Gómez y Abinader?

