Opinión

Al día

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Café con leche
Dos.- Sebastián Sánchez es un negro alto y fuerte y Liliana Nadal una blanca gordita, Uno y la otra, por elección, no aceptan “allᔠla oferta consumista de cambiar de mentalidad. Ella profundizará sus estudios de arte con los de antropología y sociología y él, artesano, dedica a la lectura un tiempo que su entorno, incluído el hermano Lucas, considera perdido.

 En Nueva York, el hermano mayor, señalado para el ministerio a la muerte del otro hermano, Siso, hungán asesinado junto al abuelo en la masacre de Palma Sola, se gana la vida al parecer en negocios turbios y salta a Chicago para ampliarlos.

 Tián sueña con una escuela de artes marciales y la intenta, ya casado con Liliana, pero no es buen administrador. La pareja vive en el Bronx y sólo para eso alcanza el ingreso del hombre en su banqueta de artesanías y el “part time” de la muchacha.

 Lucas, siempre rebosante de recursos, no abandona a su “little brother” y le mete la mano llena de dólares.

 Como tiene que ser, Sebastián no pudo controlar que en su país y fuera de él, las ideas de la justicia social y de la necesidad de transformar la vida que agoniza su pueblo se le traduzcan en necesidad de acción consecuente.

 Es tiempo de partidos de izquierda y en Nueva York conversa con esta gente y se formaliza cuando viaja con Liliana y las mellizas a Santo Domingo para asistir a la boda de una prima de su esposa.

 (Es posible que la pareja de la muchacha de clase media alta o alta y su esposo negro constituyeran en la capital una noticia de mayor envergadura que la boda misma, pero “Un árbol para esconder mariposas” no para en chismes y habladurías.

 (En pocas palabras, el choque queda asentado, como la aceptación de Tián por la familia de Liliana, incluído su padre, Modesto, quien es el primero que lo conoce, en Miami, porque la pareja viaja con escala para venir juntos a Santo Domingo).

 Cuando “como por arte de magia” aparece el visado y Mamá Tinyó llega después a Nueva York y a la casa de la pareja, comienza el principio del fin.

 La vieja no acepta que Tián rechace el rol de hungán, de lo que se percató cuando el hijo y la nuera la visitaron en el poblado cercano a San Juan de la Maguana donde vivía, y decide convertir su estadía en Nueva York en la tarea misional de rescatarlo para la fe y en “catequizar” desde temprano a las mellizas.

 Liliana rechaza la intención de la suegra y desde ahí se teje el desenlace de la historia, que culmina con un árbol que en el nombre de Tián siembran Liliana, sus hijas y su familia ascendente en su propiedad cercana al Caribe.

El Nacional

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