Pausa en las recensiones
Trato de que no se publique un libro de importancia sin que lo comente en la columna. Hace algún tiempo no aparecen esos comentarios siquiera una vez cada dos semanas.
La razón es que desde hace varios meses estoy concentrado en la realización de un proyecto que incluye la investigación y redacción de un libro de historia que, por falta de talento y capacidad, me toma más tiempo de lo que a otros.
Quiero hacer un buen trabajo, para cumplir con quienes financian el proyecto y conmigo, y de ahí que deba dedicarle más que casi todo el tiempo al trabajo de investigación y redacción.
Puestos uno encima del otro mantengo pendientes libros de historia y literatura a los que más tarde o más temprano les dedicaré lo necesario y, entonces, se producirán las anotaciones debidas y la columna de comentario obligatorio.
Mientras, camino despacio por los treintiún años entre 1930 y 1961, la tiranía de Rafael Trujillo, para establecer con referencias documentales los movimientos políticos verificados contra el régimen desde su misma instauración.
Porque lo cierto es que en el país no hubo nunca la aceptación de Trujillo y su gobierno dictatorial, como no fuera cosa de defensa propia o de conveniencia de grupos más o menos numerosos de personas.
Con la tiranía estuvo la llamada oligarquía trujillista, integrada por gente que amasó fortuna durante esos treintiún años o parte de ellos mientras compartió con el tirano el escaso poder directo que éste permitía.
Con Trujillo se podía obtener beneficios financieros y el ejercicio de impunidad por el amparo del poder pero poder, lo que se llama poder, ni Anselmo Paulino ni Johnny Abbes García lo tuvieron.
(El primero fue un genio financiero que medró a la sombra de su jefe mientras éste no lo consideró una amenaza a su dominio absoluto. Paulino cayó en desgracia para no levantarse jamás, con todo y que alguna vez se uniformó de general y llevó una copia del bicornio emplumado que sólo podía llevar el benefactor de la patria y padre de la patria nueva.
(Y el segundo fue el jefe de su Servicio de Inteligencia Militar, sanguinario maquinador de aparatos intelectuales y materiales de policía secreta y de tortura. No conoció la desgracia de caer pero, con la presión internacional después de la Conspiración del 14 de Junio descubierta en 1960, perdió importancia y el puesto.
(Tras el ajusticiamiento del tirano el 30 de Mayo de 1961, el heredero Rafael Leonidas (Ramfis) Trujillo sacó a Abbes García del Ejército y del país).
Por los demás, el país aplaudía al régimen pero obligado y echaba vivas al jefe porque si echaba mueras lo asesinaban con todo y familiares.

