Opinión

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El más grande y el más pequeño
Justiniano Estévez Aristy llegó como expositor a la XI Feria del Libro con sólo dos ejemplares.

 Uno vendría protegido en una caja de fósforos y el otro en la “cama” de una camioneta.

 En realidad, trajo tres, si se incluye el libro de récord Guinnes.

 Abogado de ejercicio en La Romana y sobrino del novelista Ramón Marrero Aristy, Estévez Aristy improvisó su “stand” en la terraza que sirve de entrada al restorán Maniquí.

 Allí, en el suelo y de su autoría, “Canto a los guijarros”, un libro de poemas de 1.60 metros de ancho y de 2.91 de largo, con prólogo de Bruno Rosario Candelier.

 Según Guinnes, el más grande hasta ese momento, de Michael Hanley, tenía 1.50 por 2.75 metros de ancho y largo.

 Y sobre una mesa, suspendido en un microandamio dentro de una copa y también de su autoría, otro libro de poemas, “El hombre dentro del caracol”, con 2.80 milímetros de ancho y de largo, más pequeño que el más pequeño registrado por Guinnes.

 Uno que otro periodista tomó notas para reportajes en diarios y televisión, lo que ampliaría el objetivo de Estévez Aristy: hacer notar su presencia en la Feria para que más gente se acercara a ponerse en contacto con el libro más grande y con el más pequeño.

 Y así alternó el abogado romanense con casetas regulares y de bajo costo y extraordinarias y de alto costo. Entre las primeras, las de los libreros, quienes siempre lloran pérdidas y muchas de las del gobierno, entre las segundas, cuyos presupuestos de instalación y operación son ilimitados.

 ¿Cuántos entre la muchedumbre de asistentes a los quince días de feria se detuvieron en la galería de Maniquí a contemplar la curiosidad de lo expuesto por Estévez Aristy y recibir de él las explicaciones y comparaciones correspondientes?

 ¿Se ocupó el abogado romanense de registrar esa asistencia?

 Es sabido que el mayor consumo que se verifica en estos “festivales de la cultura” no se comprueba en libros y revistas sino en refrescos, emparedados, algodón de azúcar, quipes, pastelitos, tragos de toda la variedad y espectáculos de música popular, “teatro de calle” y otros espectáculos.

 Además, y como nadie podía comprar el libro más grande ni el libro más pequeño, a Estévez Aristy le fue bien con su exposición. Pudo mostrar sus “fenómenos” a mucha gente y satisfizo con ello el curioso deseo de hacerlo.

 Y quizá algún curioso tomó la lupa que facilitaba el expositor para leer algunas páginas del microscópico “El hombre dentro del caracol” y otras, con ayuda de otra persona, del colosal “Canto a los guijarros”.

El Nacional

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