Opinión

AL DÍA

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Los electores deben defenderse.  Y los militantes y dirigentes partidarios.  Debe haber cuatro boletas electorales, independientes, de forma que se pueda votar por el senador de un partido, por el diputado de otro, por el alcalde de un tercero y por el regidor de un cuarto.

 (Pudiera ser por el senador y el alcalde de un partido y el diputado y el regidor de otro, y así, mezclados o no pero a voluntad soberana del votante).

 El asunto es garantizar el derecho de elegir que asiste al ciudadano para hacerlo  con libertad, sin que la ley de las cúpulas de los partidos convierta su voto en un elemento de arrastre forzoso de otros candidatos.

 Luce muy razonable y más de una persona “con dos dedos de frente” está de acuerdo con independizar las boletas.

 Lo mismo con que cada una de las cuatro incluya un cuadro en blanco para que el ciudadano que desee abstenerse lo haga y para que conste y cuente su decisión.

 Lo obligatorio es concurrir a las elecciones, no votar por los que haya decidido una cúpula partidaria sin consultar por lo general a las mayorías de los militantes y dirigentes de ese partido.

 La nueva ley de partidos, que deberá incluir una nueva ley electoral, debe consignar la suprema libertad de que el ciudadano pueda votar por uno y otros de los candidatos propuestos por las convenciones de los diferentes partidos.

 Sin ser obligado a votar, cuando elige, por uno o varios a los que no ha escogido con anterioridad.

 Las elecciones del 16 de mayo volvieron a demostrar que el voto de arrastre y el preferencial son limitaciones al derecho que tiene el elector para elegir a quienes quiera, no importa que pertenezcan a diversos partidos, grandes o pequeños.

 El voto de arrastre y el voto preferencial volvieron a permitir que ocurrieran muchas irregularidades en los comicios pasados y esto podrá ser evitado, si no suprimido de manera total, con la oferta de las cuatro boletas independientes entre sí.

 Además, se facilitaría y transparentaría el conteo.

 El proceso esencial de la democracia es el de las elecciones.

 Esas elecciones deben ser cada vez más transparentes y reconocer al ciudadano, cada vez más, su inalienable derecho de escoger no a quienes les impongan las cúpulas partidarias sino a quienes les señalen su conciencia y su conveniencia como electores.

El Nacional

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