Opinión

Al día

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Sólo la conspiración de después de 31 años de tiranía y resistencia logró por lo menos ajusticiar a Rafael Trujillo. Todas las demás aportaron héroes y mártires, prisioneros y desterrados, pero fueron eliminadas por el régimen y sus esbirros intelectuales y materiales.

 Es posible que María de los Ángeles Trinidad de Moya de Vásquez, Doña Trina, no le pusiera en su vida la mano a un arma de fuego. Esposa de un general de la montonera que no era el arquetipo del personaje, esta mujer sensible, dulce y sencilla logró que una obra suya resistiera a los 31 años de la tiranía.

 Y en la voz viva y activa de los padres, hijos y nietos que hubo desde 1930 hasta el mismísimo día de hoy. Y en lo adelante, porque el Himno de las Madres se cantará mañana como se ha cantado desde el año de instauración del terror trujillista que empezó con el golpe de Estado contra el presidente Vásquez.

 Turiferarios y alabarderos paniaguados de Trujillo –la hez intelectual que lo acompañó y que trató de hacer doctrina de un régimen que se manejaba a fuego y sangre-, escribieron pretendidos himnos de las madres que no fueron siquiera estrenados en los actos oficiales de la tiranía.

 El Himno de Doña Trina, tan pronto se cantó en el primer grupo de dominicanos que lo escuchó, había nacido para perdurar. Y perduró a lo largo y a pesar del régimen de terror y silencio que se impuso a los dominicanos. (La música es del presbítero Manuel de Jesús González).

 Los padres, hijos y abuelos, desde el mismísimo 16 de Agosto de 1930 en que de manera formal se estableció el régimen de terror de Trujillo, aprenden y cantan el Himno de las Madres como la primera lección del amor de la madre y de la veneración por el ser que origina la vida. El escritor Juan Bosch no se cansó de repetir que “la mujer es la mitad del mundo y la madre de la otra mitad”.

 La victoriosa resistencia del Himno de Doña Trina es una prueba, una más pero de las de mayor importancia, de que las ideas no se encarcelan ni se destierran ni se asesinan.

 No sólo los dominicanos perseguidos, encarcelados, asesinados y desterrados por la tiranía en sus 31 años aprendieron a cantar o cantaron para hijos y nietos el Himno de las Madres sino quienes en la resistencia sociopolítica o en el trujillismo abyecto y miserable  permanecieron en el territorio.

   Los hijos y nietos de la crápula de esbirros intelectuales que escribió los más absurdos e inimaginables ditirambos a favor del tirano Trujillo y quienes hicieron esfuerzos por desterrar del corazón y de la escuela de los dominicanos el Himno de Doña Trina, tuvieron que resignarse a que ese canto de la madre fue desde su primera interpretación una característica esencial del ser nacional.

 Doña Trina y su Himno vencieron a Trujillo a todo lo largo de una lucha de amor y sensibilidad que se libró por 31 años en el terreno imponderable e inasible del sentimiento vuelto costumbre y tradición.

El Nacional

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