…baila el mono, dice el viejo y certero refrán. Los senadores y diputados hacen honor al ancestro. Ninguno de ellos, en la gestión 2006-10 ni en la que inició en agosto del año pasado, siquiera ha opinado acerca del barrilito y del cofrecito que recibe cada uno. Mucho menos rechazarlo.
Los senadores se embolsillan cerca de 900 mil pesos de barrilito cada mes y los diputados 600 mil de cofrecito.
¿Para repartir, como buenos clientelistas, entre sus electores?
¿Para obras sociales y caritativas?
No. Una cosa ni la otra.
Senadores y diputados dedicarán a los menesteres citados, cuando más, un 15 porciento de lo que reciben.
El 85 se lo embolsillan para establecer o aumentar el caudal de su capital político, darse la gran vida y ejercer el trepadurismo social de clase pobre o clase media baja.
El barrilito y el cofrecito son acciones de corrupción legalizada e institucionalizada que nace del clientelismo político al que propende.
Es una forma de enriquecer a senadores y diputados mediante un acto del Estado que legaliza e institucionaliza la aberración de utilizar los fondos públicos para el lucro individual de supuestos servidores de las mayorías.
No otra cosa, aunque los teóricos del Partido de la Liberación los expliquen como una conquista de la institucionalidad y un paso de avance de la democracia.
Lo mismo que políticos de la misma especie que pertenezcan a los partidos Revolucionario y Reformista Socialcriatiano.
Lo que sorprende es que dos o tres senadores y dos o tres diputados habían criado fama de individuos de principios, honestos y de gente incapaz de corrupción.
Sinembargo, ni uno de ellos ha postulado contra la aberración del barrilito y del cofrecito y, menos, ha rechazado ese dinero de corrupción que reciben todos como un acto de justicia, parte adicional del jugoso salario que se les paga.
Por la plata baila el mono.
Así las cosas, hay razón para no confiar en la honradez del desempeño de los legisladores en la delicada e importante tarea que se les asigna.
Como la hay para entender que tanto el Senado como la cámara de Diputados son dos asociaciones de malhechores que crearon y disfrutan del privilegio de la corrupción institucionalizada y democrática del barrilito y del cofrecito.

