Tan pronto terminaron su lectura, Rafael Chaljub Mejía y Hamlet Hermann me llamaron para anotar correcciones a El sargento Douglas Lucas. Revolución Constitucionalista y Guerra Patria de Abril de 1965.
Chaljub Mejía formuló una y Hermann dos.
Al autor de La guerra de los seis años le hubiese gustado que bajo el subtítulo Guerras y guerrillas dominicanas, página 214 de El sargento…, se incluyera ese largo conflicto contra las aspiraciones anexionistas de Buenaventura Báez.
De acuerdo con él. Sin discusión.
Entre 1968 y 1974 se combatió por todo el país en una guerra de guerrillas que no dio descanso a las intenciones entreguistas de Báez, cuyo sueño era vender la Bahía de Samaná a los norteamericanos o, mejor, anexarles el país.
Hermann anota, con razón también, que el autor de The revolt of the Damned, libro citado en la página 79, es el periodista norteamericano Dan Kurzman y no, como se cita, Tad Szulc.
Y dice que el nombre de la norteamericana que transmitía en inglés desde la estación de radio constitucionalista, también traductora del gobierno del coronel Francisco Alberto Caamaño, no era Martha Jayne sino Martha Jane Daly. (Página 78).
No se me ocurrió que el apellido de Martha no fuera el Jayne que escribí, aunque recuerdo que la mencionábamos por Martha Jane y que no es común que a una persona de la llame por su nombre y apellido.
Martha Jane estaba entonces embarazada de su primer hijo, David, cuyo padre era el poeta Miguel Alfonseca, combatiente de Abril, y su presencia era común en tertulias de antes del 24 de Abril y en reuniones posteriores.
El investigador -escritor, periodista, historiador- trabaja solo.
Como no hay editoras, esto es, una empresa con profesionales que se ocupen de revisar los distintos textos y sugerir correcciones que pueden ser de estilo o de fondo, la soledad del escritor lo deja a merced de su corrección.
Se dirá que el escritor cuenta con colegas y que, por aquello de ayúdame, que yo te ayudaré, puede dar para corrección sus textos a esos amigos.
Pero como andan las cosas, con lo difícil que está ganarse la vida, ¿cómo sobrecargar de trabajo a un colega cuya dedicación a producir el condumio no deja más que algunas horas para ocuparse de lo suyo?
Colegas con capacidad sobran pero a ellos no les sobra tiempo alguno para dedicarlo a la solidaridad de leer con espíritu crítico un texto ajeno.
Y, por lo general, a la falta de tiempo hay que añadir que casi todo escritor, periodista y/o investigador de la historia tiene siempre otro tema pendiente al que, también, debe dedicar atención.

