Una comisión del Partido Revolucionario que encabezaron el secretario general Orlando Jorge Mera y Peggy Cabral entregó en embajadas y otras misiones internacionales un mamotreto donde se denuncia fraude en las recién pasadas elecciones.
Jorge Mera, en lo que parecería una desesperada búsqueda de inmunidad, acaba de fracasar como candidato a senador por Santiago, lo que anunciaban todas las encuestas y decía todo el mundo. Lo mismo pasó con la señora Cabral quien, sin haber vivido nunca en San Cristóbal, quiso hacerse de la senaduría de esa provincia y también fracasó.
Lo fraudulento en las elecciones es el sistema de imposición de candidaturas por las cúpulas y el llamado voto preferencial y de esos son responsables todos los partidos que terciaron en las elecciones del mes pasado.
El proceso electoral, pues, falla en su origen, no en el conteo de votos en las mesas electorales donde, sin duda, hubo alguna que otra irregularidad pero quizá ninguna capaz de alterar siquiera la elección de un regidor.
La dirección del PRD no ha podido arrastrar a la mojiganga y al ridículo de la denuncia internacional a figuras de confiabilidad que participaron y también fueron derrotadas en los comicios.
Jorge Mera, Cabral y otros acólitos sí porque, como demuestran los hechos de antes, se prestan a cualquier cosa que les garantice protagonismo y el mantenimiento de posiciones partidarias que nunca han ganado por el voto de las bases.
A la viuda de José Francisco Peña Gómez, cuyo único mérito político sería ése, hay que darle puestos y preeminencia en el PRD sin que se sepa de trabajo político realizado ni de su realidad orgánica de dirigente.
Jorge Mera ha sido recipiendario del favor de la secretaría general de ese partido, primero como sinecura que le otorgó el entonces presidente Hipólito Mejía y ahora como ficha de cambio del presidente del PRD, Miguel Vargas Maldonado, en la jugada con que se arrebató en una convención ese puesto a Guido Gómez Mazara.
Al secretario general, quien días antes de ocupar el puesto por designación conversó casi tres horas con el fiscal del Distrito Nacional -caso de fraude financiero-, no le pareció suficiente el puesto, como elemento de tráfico de influencia e impunidad, y trató sin éxito alguno de conseguirlas de manera institucional con la senaduría de Santiago.
El fraude, pues, el único, al que no hay que ponerle las comillas de la duda, es el que se comete desde los partidos con la imposición por la cúpula de candidatos como Cabral y Jorge Mera, y con el mecanismo trapacero del voto preferencial.
Y eso lo saben éstos y todo este bendito país de nuestros amores y de nuestros dolores que decía Juan Bosch.

