Opinión

AL DÍA

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 ¿Por cuánto tiempo más? Quién sabe. Pero queda.  Haber dejado sin sanción a los trujillistas civiles y militares en 1961 permitiría el neotrujillismo de Joaquín Balaguer por 22 años de manera directa y su influencia política hasta hoy.

 El “baño de sangre” que se evitó con la impunidad de esos trujillistas civiles y militares a partir del ajusticiamiento del tirano Trujillo el 30 de Mayo trajo el baño de sangre del neotrujillismo de Balaguer.

 ¿Es que sólo el pueblo puede morir en lucha o asesinado en el proceso hacia la democracia?

 Parece que sí.

 O lo parece hasta hoy.

 La invasión militar de Estados Unidos, que el 28 de abril de 1965 abortó la revolución constitucionalista y la convirtió en guerra patria impidió el baño de sangre del castigo a los trujillistas civiles y militares y a otros traidores a la causa democrática.

 Balaguer, traído en andas por los invasores, se ocupó de perpetrar el baño de sangre contra los demócratas constitucionalistas, incluídos en el grupo los socialistas y comunistas que hicieron causa común con la constitucionalidad.

 El 25 de setiembre de 1963 frustró lo que a partir del 27 de Febrero de ese mismo año se había creído que pagaría el baño de sangre pendiente con un gobierno democrático. La garra de los norteamericanos y de los trujillistas cortó a los siete meses la posibilidad de que el régimen se institucionalizara.

 El gobierno democrático de Juan Bosch y del Partido Revolucionario dio paso al gobierno “de facto” de un triunvirato que sembraba la semilla del neotrujillismo.

 En materia de corrupción, el contrabando de las Fuerzas Armadas por la base aérea de San Isidro y la constitución de una “compañía” de nombre Policía Nacional, C. por A., abrieron la puerta de escándalo por donde entraría Balaguer.

 Un régimen de esa naturaleza tenía que desembocar donde desembocó. El contragolpe tardío del 24 de Abril de 1965, la revolución constitucionalista popular, estaba supuesto a volver al gobierno constitucional de Bosch.

 Los norteamericanos y sus asociados criollos, civiles y militares, se opusieron a que fuera así y conspiraron, en cuatro días, para que se “solicitara” su invasión militar de 42 mil efectivos.

 El gobierno de Bosch, repuesto en el poder, no sería un régimen de tolerancia y no reeditaría el “borrón y cuenta nueva”, táctica con la que ganó en las elecciones del 20 de diciembre de 1962. Y eso lo sabían los norteamericanos y sus asociados aquí.

 (Una primera rebelión constitucionalista, en diciembre de 1963, había sido aplastada a sangre y fuego en varios frentes guerrilleros y que costó la vida de muchos buenos dominicanos).

El Nacional

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