El lumpen proletario es un desecho sociopolítico y económico, una minoría de individuos que no buscaron prepararse para el desempeño de un oficio en el mecanismo de la producción y que trataron de hacer de la delincuencia y del crimen un modus vivendi.
En la medida en que el capitalismo ha crecido y, porqué no, ampliado y mejorado su oferta a los obreros y técnicos, el lumpen proletario refuerza su statu y, también porqué no, renueva sus metas de vida fácil y de dinero y bienes.
Pero en un caso y en el otro, el lumpen del proletariado es mínimo en relación con la masa de obreros, trabajadores y técnicos de la sociedad.
De alguna manera, muchos de los intelectuales del sistema, orgánicos o en camino y con sueños de serlo, se apropian del criterio lumpen y tratan, mediante asociación con el poder del Estado político y socioeconómico- resolver sus problemas de bienestar y riqueza.
Los partidos que están o van a estar en el poder abren brechas para la afiliación del lumpen intelectual. Sin dudas que estos profesionales, ilustrados en la literatura, la investigación de la historia; poetas y narradores, sociólogos, filósofos, antropólogos y otros ofrecen una posibilidad de trabajo de categoría y calidad para el que otros profesionales y políticos no están capacitados.
Los discursos de los presidentes y ministros y la urdimbre ideológica que ordena la plataforma socioeconómica y política de unos y de otros, políticos en su mayoría o profesionales enrolados al tren administrativo, son la primera obligación de los integrantes del lumpen intelectual.
En la agenda de ese lumpen está también el diseño, redacción e implantación de programas para satisfacer tales o cuales necesidades populares que en realidad sólo buscan proyectar la mejor imagen del político en el gobierno o detrás de él y que por lo general no obedecen a la realidad del proyectado sino a lo que el intelectual entiende que debe parecer su protector.
Ese trabajo se paga bien, y esos intelectuales tienen como filosofía y principios personales la satisfacción de su necesidad de vivir y de vivir bien y mejor. No hay filosofía y principios de acuerdo a la ética profesional y a la moral personal sino a la posibilidad de lograr una paga que satisfaga el trabajo que se realiza y la ambición del individuo.
El presidente o candidato de turno es la mayor esperanza del país, el que mejor lo hace o el que mejor lo hará de acuerdo con las tesis y síntesis que piensa y escribe y publica el lumpen intelectual que, además, no está obligado a una lealtad más allá del recibo del pago del político en el gobierno o en busca de.

