Los intelectuales trujillistas y otros usufructuarios del régimen repiten desde hace algún tiempo, no de explicación sino de justificación, que el tirano Rafael Trujillo fue un producto de su tiempo.
Esa conclusión es resultado de una aberrada y aberrante interpretación de la situación social, económica y política del país al momento del golpe de Estado que en 1930 creó a la tiranía de 31 años.
Esos intelectuales y los repetidores de la consigna olvidan que el régimen tiránico de Trujillo siguió a seis y dos años de gobiernos democráticos del general Horacio Vásquez.
Hay la especulación de que la prolongación de 1928 a 1930 generó al despotismo trujillista. ¿De cuál manera un régimen democrático, ejemplar en esos momentos, podía dar lugar a una tiranía?
El desarme general que implantaron los norteamericanos durante su ocupación militar de 1916 a 1924 pacificó al país. En realidad, buscó evitar protestas patrióticas armadas pero, como segunda consecuencia, eliminó la posibilidad de los levantamientos diarios que caudillos militares protagonizaban contra el gobierno que no les convenía.
El general Vásquez, quien era un demócrata como demostró en el poder, aprovechó la situación y en el orden económico y social empezó a dar un vuelco a la inversión pública.
El territorio se llenó de carreteras, acueductos, canales de riego y puentes que lo comunicaban con facilidad. Crecieron la agricultura y la industria artesanal. Y esto, en medio de una situación general de respeto a los derechos humanos y a las libertades sin precedente.
Esos méritos eran reconocidos hasta por los más encarnizados adversarios del general Vásquez, como el general Desiderio Arias, cabeza de los bolos pataprieta fruto de una escisión del partido bolo de Juan Isidro Jimenes.
¿Por qué Trujillo y Rafael Estrella Ureña, quienes esperaron hasta que el gobierno de Vásquez terminara, no lo enfrentaron en unas elecciones libres y limpias como las que había ganado el caudillo mocano en 1924 y en 1928?
La sedición hacia el despotismo estaba en marcha. Estrella Ureña y otros políticos civiles creyeron que utilizarían a Trujillo como punta de lanza para usurpar el poder el 23 de febrero de 1930 pero la jugada no les salió.
Tras el derrocamiento del general Vásquez, Estrella Ureña y Trujillo ocuparon la presidencia y vicepresidencia provisionales pero las elecciones de mayo ya tenían al tirano en ciernes en primer plano.
El político que conspiró con Trujillo y contra Vásquez en la creencia de que utilizaría la fuerza militar del segundo para asaltar y quedarse con el poder, fue la primera víctima de la tiranía. Patética víctima.

