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Novela,  no historia

2.- “El único camino”, de Dolores Ibárruri, “La Pasionaria”, fue editado en 1963 por “Ediciones en lenguas extranjeras” de Moscú y por ello circuló en América Latina, sacudida desde cuatro años antes por la revolución socialista de Fidel Castro en Cuba.

 Quienes a partir del ajusticiamiento del tirano Rafael Trujillo pudieron viajar a Cuba, México, Argentina y Venezuela, obtuvieron en esos centros editoriales libros de los exilios español y dominicano, entre otros temas de política y otras ciencias que estuvieron vedados al país como lo estuvieron hasta 1975 en la España de Francisco Franco, “Caudillo de España por la gracia de Dios”.

 De Franco, lo único que queda en España son el rey y “el valle de los caídos”. A lo largo de los últimos 34 años, a los españoles se les garantiza una democracia completa a cambio de mantener al rey y a su familia.

 Ese implante pararitario terminará algún día aunque sea realidad hoy que los españoles tienen mucho de lo mejor para masticar a un reinado que lo es también “por la gracia de Dios” sumada ahora “la gracia” de Franco.

 En España se ha reeditado las obras de los republicanos, escritas hasta 1939 y en el exilio después, como viejas y nuevas obras de intelectuales especialistas extranjeros, pero son los novelistas quienes con mayor asiduidad acuden al tema de la Guerra Civil.

 Aquellos trabajos compendian el proceso español de los treinta, antecedentes y consecuencias, y por allí debe desfilar la historia con los nombres de Franco, los generales Millán Astray y Emilio Mola y políticos civiles como Manuel Azaña, Indalecio Prieto, Juan Negrín, Valentín González González (“El Campesino”) e Ibárruri.

 “El Campesino” escribió varias obras, una de ellas en asociación con un ruso. Se estableció en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas desde el fin de la Guerra Civil en su país.

 “¿Por quién doblan las campanas?”, del norteamericano Ernest Hemingway es el primer y más “publicitado” caso de novela acerca de la Guerra Civil Española. Por norteamericano, sin duda. El escritor fue de los “americanos” que participó junto a brigadas republicanas y de ahí su novela.

 La de Hemingway debe ser la obra de esa época que mayor difusión mundial ha tenido, mucho más por ser el autor norteamericano y un disidente o contestatario de su sistema socioeconómico y político. 

 Pero es novela, no historia, sin ese eufemismo de “novela histórica” que deja a esas obras nada más que en novela y que por lo general falsean la historia. (El caso de “Enriquillo”, de Manuel de Jesús Galván, estructura literaria colonialista que se supondría elogio del heroísmo del aborigen anticolonialista).

El Nacional

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