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La Guerra Civil en novelas

Y 3.- José María Gironella proyectó una tetralogía de novelas acerca de la Guerra Civil Española de la que escribió tres aunque tituló cuatro: “Los cipreses creen en Dios”, “Un millón de muertos”, “Ha estallado la paz” y “Los hombres lloran solos”.

 No escribió la última y la tetralogía se quedó en trilogía, tal y como “Los caminos de la Libertad”, del filósofo y literato existencialista francés Jean Paul Sartre, al que también le faltó la cuarta.

 “La edad de la razón”, “El aplazamiento” y “La muerte en el alma” completaron como trilogía lo que el filósofo y literato había proyectado como tetralogía, aunque sin titular la cuarta. Sartre revisa en esta obra al hombre y al paisaje franceses durante la Segunda Guerra Mundial y la ocupación alemana.

 Gironella, el escritor español cuya estirpe lleva a recordar lo de la “facundia vil” como característica del escribir peninsular, no disimula  siquiera objetividad en su trilogía. Su intención es satanizar a la república y a los republicanos. Cada una de las tres debe ser leída con rigor crítico.

 Después –muerto Francisco Franco y establecidos como paradoja la monarquía y la democracia- la novela española tiene entre otras “El soldado de Salamina”, de Javier Cercas y, de Carlos Ruiz Zafón, “La sombra del viento”.

 Quizá no se pueda ser objetivo con el tema, aunque no se trate a fondo y sólo como motivación distante e inevitable. En una y la otra hay piedras con las que tropieza el lector y de donde resulta más de un dolor para la sensibilidad y la solidaridad de las personas.

 Que la Guerra Civil no fue un acontecimiento aislado en la vida de España sino el producto de antecedentes y la causa de consecuencias que se viven y que se mueren todavía.

 Y Almudena Grandes,  una mujer de la índole de “La Pasionaria”, novelista entera, escribe y publica “El corazón helado”, como para helar el corazón del lector menos sensible. La Guerra Civil en el alma, en la vida diaria de la gente, en la tristeza sin cuento del exilio, en el regreso sin condición, en la derrota que primero costó la vida y después la propiedad de un techo para vivir. La Guerra Civil como desestructuración de la condición humana y “viva Franco, caudillo de España por la gracia de Dios”.

 A falta de las reediciones de la literatura política de los republicanos en su tierra y en el exilio, y de extranjeros que se ocuparon del tema y también publicaron, aquí se ha tenido que acudir casi como último recurso a la novela que no es historia y que, cuando toma un tema de la historia, se queda siempre en novela.

El Nacional

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