A principios del segundo gobierno del Partido de la Liberación y del presidente Fernández, un funcionario de la entonces secretaría de Cultura con asiento en San Cristóbal saltó con el embeleco de un museo al tirano Rafael Trujillo.
El proyecto fue combatido por la conciencia nacional y el funcionario de marras quizá perdió su puesto después de tratar de explicar lo inexplicable.
Cinco años después, el diputado Leivin Guerrero retoma la iniciativa de aquel funcionario y presenta a la Cámara un proyecto de ley para crear el museo. Sus compartes son otros cinco diputados perredeístas y uno reformista.
Aquella vez pudo tratarse de la ingenuidad de uno de esos peledeístas que, con un puesto en las manos, entienden que han sido tocados por lo mesiánico y rompen a hacer disparates.
En esta ocasión no es así.
En la campaña para la diputación de Guerrero se le vio en varias ocasiones en compañía de Ramfis Domínguez Trujillo, nieto del tirano e hijo de Angelita, la segunda hija del sátrapa.
¿Qué tipo de ayuda en el aspecto de consejo político de estrategia o táctica podía ofrecer el segundo al primero?
Por una ausencia de toda su vida del país del que no es oriundo, el hijo de Angelita y nieto del tirano Trujillo no conoce esta realidad socioeconómica y política.
Su ayuda tenía que consistir en aportes financieros.
A cambio, se hace evidente, tan pronto Guerrero pisó la cámara de Diputados, hizo revivir la aberración del museo al tirano y a la tiranía.
Resulta que en el país fue creado hace varios años el Museo de la Resistencia, en proceso de organización y de acopio de documentos y objetos.
Salas de la entidad serán dedicadas a la tiranía de Trujillo, al horror de sus crímenes y a la pobreza en que sumió a los dominicanos su política de asesinatos, saqueos, extorsión y asalto de las propiedades pública y privada.
Incluidas réplicas de las cámaras de tortura de La Cuarenta, El 9 de la Mella y la Isla Beata, como de salas de interrogatorio y tortura en la base aérea de San Isidro y en la oficina principal del Servicio de Inteligencia Militar (Sim).
Y también, de los inicios de la tiranía, de las ergástulas de la cárcel de Nigua y, tiempo después, de las de La Victoria.
Con los testimonios de miles de apresados y torturados en esos centros podrá reconstruirse el horror de las aberraciones patológicas de Trujillo y sus militares y civiles, quienes trataban de enfrentar así al indomable amor a la libertad de los dominicanos que sí se ha ganado, de sobra, este Museo.

