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¿Por qué América y no Colombia?

3.- ¿Qué tan importante es la cartografía?

 Habría de preguntársele al “gran almirante de la mar océana”, Cristóbal Colón y Fontanarrosa, navegante genovés descubridor de un nuevo mundo el 12 de octubre de 1492.

 Como el “primer almirante” no está en el mundo desde mediados del siglo XVI, se le pregunta a la historia.  Y la historia responde.

 Américo Vespucio, nacido en Florencia en 1451 y muerto en 1512, hizo por cuenta de España o Portugal cuatro viajes al nuevo continente descubierto por Colón.  Cartógrafo, se ocupó de dibujar los perfiles de la nueva tierra.

 Después de su muerte, en 1522, el alemán Martín Waldseemuller publicó el mapa dibujado por el navegante florentino donde con teutón desparpajo dio el nombre de América al descubrimiento que acababa de darle su redondez al planeta.

 (Nótese que se dice planeta y no “redondeta”, origen que debe remontarse al bautizo de las cosas del universo plano cuando todavía no se había completado la circularidad de este y los demás mundos).

 Para el “gran almirante”, la trascendencia de la cartografía evitó que el nuevo mundo llevara su nombre, el de Colombia, como era de justicia y lugar.

 Y así, un impresor alemán de nombre impronunciable, porque Vespucio había sido el primer cartógrafo del nuevo mundo, decidió dar el nombre de éste al  continente descubierto por Colón.

 Y América, desde entonces.

 Esta  pista permite calibrar la importancia que para el estudio histórico y de toda la dominicanidad tiene “Imágenes insulares. Cartografía histórica dominicana”, que entrega al país el Banco Popular Dominicano, institución que dona al Archivo General de la Nación la colección que ha permitido los trabajos de compilación y publicación.

 Allí está Santo Domingo, desde aquel primer trazo balbuceante de Colón hasta menos balbuceantes trabajos posteriores y hasta el dibujo preciso, tras afanosas investigaciones y comprobaciones “in situ”,  de cartógrafos y otras autoridades profesionales, incluídas las del cónsul Robert Schomburk, tan apreciado por los historiadores.

 Y ahí está el libro del Banco, con su historia cartográfica y con la intrahistoria de su origen, hasta la presentación por la historiadora Mu-Kien Sang Ben, quien al hacerlo no pudo dejar de lado poner de relive la paisanidad oriental que comparte con el compilador Chez Checo.

 La historiadora, a juzgar por la cierta prisa con la que habló, reveló poca de la oriental paciencia que elogiaba en su paisano de doble vía –que ambos comparten el ancestro chino con el dominicano-, recontó las minuciosidades y referencias históricas  de la compilación, como la conceptualización del prologuista Frank Moya Pons.

 Pero con una humildad tan china como dominicana, decidió dejar aparte una artesanal exposición que había preparado en “power point” tras enterarse, antes, de que el Banco presentaría un documental tan preciso como breve y bien musicalizado.      

  A los anales de la bibliografía de la historia, pues, este trabajo del BPD y de Chez Checo y de tantos otros meritorios y honorables padres como ha tenido.

El Nacional

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