El día 5 en la mañana, entre tres periodistas reunidos en una sala de redacción, se lanzó lo que todos creyeron era una burla o el sarcástico desafío al absurdo de los políticos criollos:
Como el Partido Revolucionario es una antología de gallos locos y locos viejos desafió uno, ahorita salta uno con la comparación entre Barack Obama y José Francisco Peña Gómez.
Y ni gallo loco ni loco viejo. Varió el género.
En la tarde, horas después del encuentro de periodistas, Milagros Ortiz Bosch hacía la comparación.
Que no encontró el menor eco en los medios, que se limitaron a citar sus palabras sólo porque después de todo, es la sobrina de Juan Bosch y fue vicepresidenta, aunque de Hipólito Mejía.
¿Cómo cabe esa comparación?
¿En seguimiento de cuál escuela de razonamiento o de que línea de lógica puede compararse a un pichón de caudillo perdedor en tres elecciones consecutivas con el senador y candidato demócrata ganador de la primera elección a la que concurre?
¿Quién es Obama y quién fue Peña Gómez?
Dicen los ingleses que Estados Unidos y Gran Bretaña son dos grandes naciones divididas por el idioma. (Sarcasmo e ironía de parte de quienes sin embargo sostienen un reinado demasiado costoso).
Obama y Peña Gómez, de juntarse en el tiempo, no hubiesen compartido siquiera una coincidencia similar a esa de los ingleses y norteamericanos.
Peña Gómez fue producto, primitivo, de una sociedad subdesarrollada y sin cultura política, capaz, en su aberración ideológica, de hacer nombrar padre de la democracia a un neotrujillista y déspota ilustrado como Joaquín Balaguer,
Obama es un producto académico terminado civilizado por los cuatro costados- quien con el carisma de su autenticidad logró posicionarse en el Senado y en el Partido Demócrata hasta alcanzar la candidatura presidencial.
Peña Gómez fue un político que jamás levantó con orgullo su negritud y quien en muchas oportunidades demostró no estar contento de haber nacido negro y de padres negros. (Alguno de sus biógrafos de ficción le situó en España a unos ancestros, Zarzuela, a pesar de que ninguno de los rasgos del caudillo tenía el más remoto parecido con los de la raza caucásica).
Obama, negro hijo de africano y de una blanca norteamericana, se cobijó bajo la bandera de su color. Un híbrido, un mestizo que resumió en el Yes, we can (Sí, podemos), el poder de convocatoria de su campaña electoral.
¿Quiénes eran los que podían aspirar, ganar las elecciones y alcanzar la presidencia de Estados Unidos? Los negros, sin lugar a duda alguna. Y Obama, uno de ellos. Uno de ellos a pesar del nivel académico, a pesar del Senado y a pesar de la candidatura demócrata.
¿Parecido con Peña Gómez?
Sólo en el descolorido recuerdo emocional y nostálgico de una amiga quien lo quiso, a pesar de todos los pesares, que eran muchos y que pesaron demasiado.

