Muy pocos dominicanos han depositado su dinero donde lo tenía, y cómo, Roque Napoleón (Polón) Muñoz.
Pero es bueno que los haya.
La ingeniería es de las profesiones lucrativas que mejor y más se prestan al negocio de la corrupción oficial.
Existe lo que se llama contratas del gobierno, que es la concesión de construcción de obras a socios y amigos de gobernantes.
Sin que medie para ello más que la voluntad del que manda.
De grado a grado, se dice en el lenguaje técnico.
Polón pasó toda su vida dedicado a una cruzada contra el grado a grado.
Años después, mucha gente se cansó de la prédica del ingeniero pero él no.
Siguió.
Hasta su muerte hace poco.
Y qué bueno que siguiera.
Mientras lo hacía, no podía depositar dinero en cuenta de banco alguno porque no aceptaba el grado a grado y por eso no era contratista de los gobiernos.
Hizo algunas cosas encargadas por amigos, de costo razonable y con la poca ventaja que manda trabajar para amigos.
Con el dinero que no se ganaba compraba pobreza y llegó a ser un hombre de pobreza costosa.
Como otros pocos dominicanos.
Y qué bueno que lo fuera, que lo fueran y que lo sean.
La opinión pública integrada por oportunistas que aceptaban las contratas y por otros en camino de serlo y de aceptarlas le decían de todo a Polón.
Hasta irresponsable, porque no pudo dar a su familia el statu o calidad de vida que se supone a un ingeniero de capacidad y de experiencia y de relaciones a granel.
El hombre hizo oídos sordos a esos comentarios tan comunes en una sociedad envilecida y se mantuvo en su prédica.
Una prédica que autorizaba con la moralidad del ejemplo.
A cualquiera que lo quisiera le extendía un cheque por millones en pesos o dólares de seriedad, honradez y pobreza.
No conocí al ingeniero Roque Napoleón (Polón) Muñoz pero debo declarar que son bienaventurados los dominicanos cuentahabientes de ese banco donde él depositaba, y cómo, el dinero de su pobreza.

