El Día del Maestro, que se festeja hoy, sorprende a la escuela dominicana en prolongado letargo, con elevados índices de ausentismo y deserción escolar y sin que el Estado logre articular el urgente relanzamiento del sistema educativo nacional.
En tan trascendente efeméride se resalta el magisterio que ejercen más de 50 mil profesores de educación básica e intermedia que forjan el porvenir de millones de niños y adolescentes.
Es el maestro una figura preeminente de la comunidad educativa, cuyo papel de guía y mentor de niños y adolescentes, lo convierte en una extensión del padre o la madre.
En la era digital, por el vertiginoso desarrollo de la tecnología y del flujo de la información, no pocas veces, en las aulas los papeles se invierten y toca al maestro asumir con humildad el papel de alumno, sin renunciar al de tutor.
El profesorado dominicano ha experimentado significativo avance, en término de preparación formal, pues la mayoría ha logrado grados universitarios, incluidos postgrado y maestría, pero es menester señalar que el entrenamiento de un educador sólo concluye con la muerte.
Los nuevos tiempos reclaman profunda transformación en el sistema enseñanza y aprendizaje, porque la Internet y el power point desplazan muy rápidamente a la pizarra, tiza y borrador.
Es en ese complicado papel de intermediario en la información en el que tendrá que ubicarse el rol de maestro de la modernidad, quien, sin embargo, jamás ha de abdicar a su rol de forjador de su grey, a la que ha de transmitirle valores esenciales del buen ciudadano, tales como amor y respeto por la familia, solidaridad, ética, patriotismo y valor cívico.
El futuro integral de la República está indisolublemente ligado a la labor presente del maestro, por lo que se reclama que el Gobierno impulse los cambios requeridos en el sector educativo para que su trascendente papel sea aún más eficiente.

