Sin lugar a equivocarnos, el ingeniero Miguel Vargas Maldonado, presidente del Partido Revolucionario Dominicano, ha sido un triunfador. El destacado ciudadano comprende que la política es el arte de saber esperar. Es muy joven y el futuro le pertenece, y deberá ser en el mañana Presidente Constitucional de la República, con la ayuda de Dios y la mayoría de nuestros ciudadanos de buena voluntad.
Aristótteles dijo: La verdad está al doblar de la esquina, búsquele y la encontrara, yo soy amigo de Platón, pero soy más amigo de la verdad.
El presidente del PRD es un joven sensible, humanista, capaz, vertical en sus ideas y convicciones, a quien cortésmente le exhortamos unirse junto a la pléyade de ciudadanas y ciudadanos que le acompañan, por que no dudo que él lucirá en su pecho la enseña tricolor con su lema inmortal, Dios Patria y Libertad. Si Dios me lo permite, quisiera ver al presidente del PRD, dirigiendo los destinos nacionales.
Esa exhortación sincera y de buena fe, es al presidente del PRD, mi amigo Miguel Vargas Maldonado, unirse a los actuales candidatos presidenciales y vicepresidencial, Hipólito Mejía y Luís Abinader, porque difícilmente un hijo puede abandonar ni negar el amor y el cariño a su padre.
En su última carta, Simón Bolívar le dice a su prima: Te extrañará que piense en ti al borde del sepulcro. Ha llegado la última aurora; tengo al frente el mar Caribe, azul y plata, agitado como mí alma por grandes tempestades, a mi espalda se alza el macizo gigantesco de la sierra con sus viejos picos y coronados de nieve impoluta como nuestros ensueños de 1805; por sobre mi, el cielo mas bello de América, el mas grandioso derroche de luz.
Y tú estas conmigo porque todos me abandonan, tú estás conmigo en los postreros latidos de la vida, en las últimas fulguraciones de la conciencia. ¡Adiós Fanny!
Esta carta llena de signos vacilantes, la escribe la mano que estrecho la tuya en las horas del amor, de la esperanza, de la fe, esta es la letra que iluminó el relámpago de los cañones de Boyacá ¡Carabobo, de Trujillo! Del mensaje al congreso de Angostura No la reconoces, ¿verdad? Yo tampoco la reconocería si la muerte no me señalara con su dedo despiadado de batalla dando frente al enemigo, te daría mi gloria, la gloria, la gloria que entrevía a tu lado, a los lampos de un sol de primavera.
Y termina diciendo: Adiós, Fanny; ¡Todo ha terminado!Juventud, ilusiones, sonrisas y alegrías se hunden en la nada; sólo quedas tú como visión seráfica, señoreando el infinito, dominando la eternidad. Me tocó la misión del relámpago; rasgar un instante las tinieblas; fulgurar a penas sobre el abismo, y tornar a perderme en el vació.

