El bajo nivel que como efecto de la sequía ha alcanzado la presa de Tavera ha vuelto a disparar la alarma sobre una crisis más devastadora en el suministro de agua potable y sus consiguientes secuelas sanitarias en Santiago y otros pueblos del Cibao. En la actualidad el déficit, según Erving Vargas, un experto en asuntos ambientales, ronda el 30%.
Por la dimensión de la crisis ya se han debido tomar medidas, sin necesidad de que se reclamen, para regular el servicio de agua. El descenso en la presa de Tavera, que algunos ecologistas relacionan con los desmontes en las cuencas de varios ríos, repercute también en el suministro de energía eléctrica.
Vargas advirtió que si las hidroeléctricas se siguen abasteciendo del embalse el problema tiende a agravarse porque el uso de agua supone una reducción de un 38%. Sin necesidad de reparar en todas las causas que han motivado el dramático descenso en el nivel de la presa de Tavera, las autoridades tienen que movilizarse para evitar consecuencias más dramáticas en el suministro de agua.

