Corrupción y salud
El pasado domingo, “Día de la Altagracia”, el papa Francisco dijo, al despedirse de Perú, en una misa multitudinaria que “Yo al pecado no le tengo miedo, le tengo miedo a la corrupción, que te va viciando el alma y el cuerpo. Un corrupto está tan seguro de sí mismo que no puede volver atrás. Son como esos pantanos chupadizos que querés volver atrás y te chupa. Es una ciénaga. Es la destrucción de la persona humana».
El viernes antes, en reunión con los Obispos de Perú el Papa expuso: “La corrupción se manifiesta en que yo cojo y doy un poquito de lo que cojo para que no me molesten”.
Menciona la Odebrecht y expresó a propósito de ésta y los presidentes del Perú: “Toledo está preso, Humala también y Fujimori miren lo que le ha pasado…”
El caso es que mientras eso ocurre en todo el continente, en nuestro país, que somos el único que mantiene contrato activo con la Odebrecht, terminamos haciendo el negocio del “Capaperro”, pues lo que en su momento creo euforia, de que nos devolverían 92 millones de lo que se pagó en soborno por las obras ejecutadas desde el año 2000, ahora estamos en litigio porque la compañía brasileña nos reclama 708 millones de dólares de compensación por el contrato de Punta Catalina.
No se especifica el por qué de esa compensación, pero todo el mundo entiende que es por no haber pasado encubierto el soborno y serían 616 millones de dólares que tendremos que darle a la Compañía más desacreditada del mundo.
Si usted le suma los 50 millones que en ocho años se le ha pagado de alquiler a solo 14 oficinas y un parqueo de EDESUR nos dan 656 millones de dólares dilipendiados, los que llevados a pesos ascienden a RD$ 31,488,000,000 que son solo un poco menos de la mitad del presupuesto de salud del 2018. Eso da ganas de llorar y es “algo más que salud”.

