Opinión

ALGO MAS QUE SALUD

ALGO MAS QUE SALUD

A mi hijo José Miguel.

Luego de sobrevivir a días difíciles, para los que mi personalidad no cuenta con herramientas sólidas para superarlos, a pesar de los años vividos que me ubican en la tercera edad, y el hecho incontrovertible de toda la lectura mística que ha pasado por mi intelecto sigo viviendo en el pasado y preocupándome por el presente; amarrado “…en lo que pude haber sido y no fui”, en fin, recogiendo migajas afectivas para poder seguir aquí presumiendo un poco de cordura que nos regale la aceptación de los que nos rodean.

Sin embargo, aún arrastro cosas pendientes, entuertos por arreglar y molinos a quienes enfrentar y sobre todo hijos por quienes velar aunque ya hayan seleccionado sus propios caminos.

El más pequeño, por cierto, andaba la semana pasada angustiado por el dolor ajeno, y al enterarnos, tras una angustiosa espera, nos dimos cuenta que no son triviales sus penas, que muestran su alma buena y sensible, pero le insistimos que no deberían ser tormentos actuales, que su juventud invita al gozo y al disfrute y que para él es impostergable seguir el “…de instante en instante” de Krishnamurti o romper los apegos de Anthony de Melo y vivir como los dos pájaros negros que se bañan, comen y cagan en el patio de mi casa.

Yo, que en desmedro del consejo que le doy a mi vástago más joven (tiene el al revés de mis 61), ando buscando para atormentarme los días oscuros como el que asaltó a mi muchacho encuentro, precisamente, esos días de luz que me dicen que ha valido la pena estar aquí, tratando de ser una persona buena y sentir alegría por lo que fueron sus preocupaciones.

Con su mamá al lado, todos con lágrimas, le recordé la frase de su tía segunda Ana Celeste Rodríguez que a él le queda perfecta, por llevar el mismo nombre: “José Díaz debe cuidar a José Díaz primero”. Lo demás “es monte y culebra” y puede ser “algo más que salud”.

El Nacional

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