Opinión

ALGO MÁS QUE SALUD

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La mujer y…

 

Dos de las mujeres que he amado, y que es casi seguro estarán en las páginas de mi libro que pienso titular “Los amores perdidos” o “Las mujeres que he amado”, nacieron en marzo antes del “Día Internacional de la Mujer”.

Hace tiempo que no están íntimamente en mi vida, pero las recuerdo bien. Fueron fantásticos los momentos de felicidad, amor y placer que me brindaron, junto a los de amargura, angustia y tristeza, sobre todo cuando asomó el duelo, pero la suma y resta da un saldo positivo, por eso, cuando mi mente regresa a ese pasado, la gran mayoría de los recuerdos son de gozo, de satisfacción, de añoranza que invitan a la alegría.

No tuve una educación previa, ni me enseñaron técnicas para establecer mis relaciones de pareja. No tuve acceso, tampoco, a una guía para ser exitoso en esas lides (no creo exista una), y tuve que aprender sobre la marcha, cometiendo innumerables errores, tropezando y cayendo, pero siempre supe levantarme y volver a empezar con nuevos bríos, con la experiencia adquirida y la bandera en alto en la búsqueda de la felicidad, sin que al desearla dañase la de la mujer que circunstancialmente me acompañare.

Luis Franco dice “¿Por qué la junción del macho y su hembra, con el repertorio de caricias que la precede o acompaña, ha de ser más inmoral que el apareamiento de dos tórtolas? Es el más trascendente de los gestos humanos al significar no solo la creación de un nuevo ser, sino también el único trance en que el individuo con su dicha hace dichoso a otro”.

De todas formas, lo importante es que sigo aquí, que otra mujer me da esos momentos de felicidad y amargura porque, citando de nuevo a Franco: “Tal vez el humano no lograría sobrevivir siempre a las heridas más hondas y dolorosas -las del amor- si no fuera porque son las que cicatrizan más pronto”.

El Nacional

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