Balance
He pasado tiempos difíciles. El vivir resulta, en ocasiones, muy duro. Andamos construyendo espacios y momentos que esperamos sean para el disfrute y la cacareada y escurridiza felicidad, pero la más de las veces resulta lo opuesto y van quedando pedazos de uno en el camino; sin embargo, sin opción, hay que seguir viviendo por amargos que nos resulten esos momentos.
He acuñado la frase de que si se es una persona “normal”, en plenitud de lucidez mental, capaz de valorar lo que hace y por qué lo hace, que los demás valoran su vida dentro de los parámetros sociales de convivencia, y si además es ajustado a los principios de bien, sin dañar a nadie, con honestidad y lealtad, tarde o temprano alcanzará la “Paz interior” de Kung Fu Panda, la Realización de Buda, El Nirvana de los Gnósticos y Rosacruces y sabrá caminar por el camino angosto que sugirió Jesús, y por tanto llegar a su Cielo.
En mi camino, al que le he imprimido mucha rigidez, pienso que me ayudó mucho tener la madre y los hermanos que el destino me deparó, haber vivido cerca de Juan Bosch, seguir y tener como ídolos a Serrat, Marlon Brando, Fidel Castro y Pedro Martínez; seguir la lectura de Herman Hesse, García Márquez, Benedetti y Eduardo Galeano y amistades como las de Santiago Castro Ventura, Mauricia Antigua, Eduardo Aybar, Juan García, Nilbia Sención, Luis Pucheu, Jorge Aguilera, Nilia Ledesma y un centenar más, y haber adquirido hermanos por adopción en los Ventura de Jicomé: Papo, Dulce, Mecho, Frank y Lucía, y por tanto que sus padres: Camelia Guadalupe y don Toño me tratarán como un hijo.
En fin, trate de ser ese “Hombre Nuevo” que pregonaba Ernesto “Che” Guevara, pero ahora, entrando a la vejez en soledad, no me queda más que rumiar lo que pudo haber sido y no fue conformándome con sentir respeto por el camino andado y la imagen que le devuelve el espejo al que todavía persiste en escribir “algo más que salud”.
Por: José Díaz
asesaijd@gmail.com

