A mi amigo Narcisazo, a quien quieren volver a desaparecer, ahora en lo moral
Ayer se cumplieron 25 años de la primera entrega de esta columna. Es mucho tiempo. El todo complejo que soy, ha ido mutando, sobre todo al ir perdiendo tantos semejantes cercanos en los afectos, pero en lo básico creo haber conservado intacto el espíritu que motivó la aparición de este espacio de denuncia, información, súplica y alerta, bajo el consentimiento inicial de Cuchito Álvarez.
¡Claro que he cambiado! Maña fuese, pero me alegra verme con las mismas preocupaciones, con tan mala fortuna que he tenido que renovar mis exigencias de antaño a aquel gobernante inhumano, malsano y egocéntrico que ha reencarnado en una versión mejorada.
No puedo ser hipócrita. Estoy orgulloso de lo que de mí ha quedado en las páginas de El Nacional. Indefectiblemente, he sido yo siempre. Nadie ha dictado una sola línea. En términos generales, lo que he parido ha sido un reflejo de lo que soy, y de lo que creo, a pesar de que a veces he debido teclear agobiado por miserias y trastornos existenciales que han amenazado con trastocarme, los que he tenido la delicadeza de no ocultar.
Estos 25 años han ido a la par de las ejecutorias del segundo período del déspota ilustrado. Llegó en medio un gobernante que fue una chepa y ahora coexiste la reencarnación mesiánica del primero, todos olvidando que lo fundamental en el ser humano es darse a los demás.
En lugar de arredrarme, trataré de alcanzar poder para cumplir lo planteado en estos más de dos mil trabajos de algo más que salud.
PD. Gracias a los lectores que han recibido estos artículos. Uno de ellos ahora es ministra de Educación, lo cual me enorgullece, aunque temo que los buitres que allí medran la hagan saltar del cargo.

