La tarea de ser bueno
Jesús decía en el Sermón del Monte (Para muchos, incluido Iñaki Sánchez, es la oración que deberíamos hacer todos los días), Bienaventurados vosotros, los pobres, porque vuestro es el reino de Dios Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados, Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis, Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre.
Traigo a colación esta cita de Jesús en la víspera de la Nochebuena, porque es propicia la fecha para recordar que quizás la tarea más trascendente de todo ser humano es tratar de ser una persona buena, que haga descansar su existencia en los preceptos de bondad y darse a los demás. Debe ser la tarea más dura, pero a la vez la más satisfactoria.
Guevara, a propósito del tema, nos regala esta bofetada sin manos: Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad. Quizás sea uno de los grandes dramas del dirigente; éste debe unir a un espíritu apasionado una mente fría y tomar decisiones dolorosas sin que se contraiga un músculo. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos, a las causas más sagradas y hacerlo único, indivisible. No pueden descender con su pequeña dosis de cariño cotidiano hacia los lugares donde el hombre común lo ejercita
Con altas y bajas, hemos tratado de serlo. Aún no podemos cantar victoria, pero estamos vigilantes para no apartarnos de este objetivo aunque nos cueste sangre, porque eso es lo que nos puede dar esos ramalazos de felicidad. Permítanme despedir el año, el próximo jueves completando esta idea aquí en algo más que salud.

