Opinión

¿Algo por discutir?

¿Algo por discutir?

No libra de culpa al poder estadounidense la declaración del presidente Barack Obama de que  se hará lo posible por el retorno a Honduras del depuesto presidente Manuel Zelaya, a pesar de que éste es se opone a muchas políticas de Estados Unidos.

El golpe de Estado en Honduras es de factura yanqui.  El presidente Obama y la secretaria de Estado Hillary Clinton no han denunciado  a los sectores de la Agencia Central de Inteligencia, del Pentágono y del propio Departamento de Estado, que auspiciaron la acción de los golpistas.

Lo menos malo que sobre ellos se puede decir,  es que nada arriesgan en favor de la democracia, porque se sienten obligados a cumplir sus inocultables compromisos con la ultraderecha.

Pero no se puede atribuir su actitud sólo a eso. Hay que destacar que Obama habla del retorno de Zelaya cuando ya se ha impuesto el estilo estadounidense en el manejo de la crisis. Las agencias de prensa informan que el neoliberal presidente de Costa Rica, privatizador y aliado de Estados Unidos en asuntos esenciales, Oscar Arias, será mediador.

Como era predecible, aprovecharon la debilidad política de los grupos que sustentan el apoyo a Zelaya para imponer su estilo. Es el estilo  de manipulación política del poder estadounidense.

El Departamento de Estado, como institución, reitera que suspenderá (no había suspendido hasta ayer), los programas de ayuda económica que puedan beneficiar a los golpistas, aclarando que constituyen una mínima parte de la colaboración económica y logística que Estados Unidos ofrece a Honduras y que no se detendrán los programas para fortalecer la democracia y los proyectos en favor del pueblo de Honduras.

En resumen, seguirán colaborando con los golpistas, aunque recurren a la palabrería barata para ocultar que  evitan perjudicar  a los golpistas? Hay que decir, pues, que las mismas autoridades que mantienen el bloqueo contra Cuba se niegan a ahogar económicamente a los golpistas? No toman acción contra ellos, y ahora los colocan como entes políticos en conflicto, y no como lo que son, usurpadores del poder que han reprimido al pueblo de Honduras y han sembrado incertidumbre, miedo y muerte.

Es preciso hacer estos señalamientos, antes de preguntarle a Barack Obama si la condición de presidente constitucional de un país se desdibuja por no estar de acuerdo “con muchas políticas estadounidenses”.

Queda confirmado que el golpe de Estado en Honduras obedeció a la intención de ensayar nuevas formas de dominación imperialista en Centroamérica. Ya están montando el experimento.

El Nacional

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